Reino Unido ingresó a terapia intensiva el día en que David Cameron quiso empotrar sus instintos políticos a la realidad populista y antieuropea en la que se encontraban la Cámara de los Comunes y la sociedad británica.

Cameron convocó el referéndum del Brexit para obsequiar golosinas a la base del Partido Conservador pues sus integrantes se sentían amenazados por el Partido de la Independencia del Reino Unido (UKIP, por sus siglas en inglés) de Nigel Farage. Error.

El resultado del Brexit expulsó a Cameron del número 10 de Downing Street. Lo reveló Theresa May y el optimismo de ella creció al ritmo que lo hacía su popularidad en las encuestas. Un falso tactismo la llevó a convocar elecciones pensando que arrasaría. Una racha estadística agarró mal parado a un conjunto de encuestas en las elecciones que ganó Trump, perdió Juan Manuel Santos (referéndum de los acuerdos de paz con las FARC) y ganó el Brexit.

El desengaño llegó el día de las elecciones convocadas por May, 8 de junio del 2017. El día de su pírrica victoria comenzó a sentir la soledad en el Parlamento. No había otro tema en la agenda más allá del Brexit. Los demonios de Steve Bannon, Nigel Farage y Cambridge Analytica andaban sueltos en Reino Unido.

May nunca logró las mayorías necesarias para acordar el divorcio con la contraparte, Michel Barnier, representante de la Unión Europea para el Brexit.

Algo más. Pasaban los años y los británicos se preguntaban por el paradero de los laboristas. Jeremy Corbyn, su líder, los hundió. La oposición de May nacía en Bruselas y desembocaba en la Cámara de los Comunes.

Las mentiras de Farage y del ministro de Exteriores de May, Boris Johnson, petrificaron la política británica.

La debilidad de May representaba una oportunidad para el astuto de Boris Johnson.

Su deseo se convirtió muy pronto en realidad.

Boris Johnson leyó con claridad el hartazgo de los británicos por el estado ambiguo en el que se encontraban: a la mitad del río entre Londres y Bruselas.

Su voluntarismo y la Cámara de los Comunes bajo su control, lograron pactar por fin una ruta crítica del Brexit.

Nacido en 1964 en Nueva York, en el seno de una familia de políticos, periodistas y celebridades mediáticas, Boris Johnson se encontraba anoche en una sala de terapia intensiva por el azote del coronavirus.

En 1987 comenzó una carrera de periodista en The Times, que le despidió un año después por inventar unas declaraciones. Entre 1989 y 1994 fue corresponsal del Telegraph en Bruselas, donde escribió artículos que ridiculizaban las regulaciones europeas.

Elegido diputado en el 2001, Boris perdió un puesto en la cúpula conservadora tres años después por mentir sobre una aventura extramatrimonial. “Uno de los varios escándalos personales de un político que no quiere decir cuántos hijos tiene (...) además de los cuatro reconocidos” (AFP, 6 de abril).

Johnson, Trump, Bolsonaro y López Obrador se enfadaron por el ingreso del virus en sus agendas personales. El brasileño lo calificó de “gripita”, y el mexicano lo utilizó para promover abrazos y besos.

Johnson también siguió la línea de los abrazos y saludos, pero desafortunadamente el Covid-19 lo mantiene en terapia intensiva.

El caso de Boris Johnson está cambiando la percepción de los británicos sobre el virus. Si el líder a quien hay que voltear a ver en este tipo de crisis se encuentra en un hospital, entonces la conciencia social que pasa sobre el interés particular apunta hacia el confinamiento.

Reino Unido está por concluir un ciclo de crisis producidas por sus políticos.

El país saldrá de la sala de terapia intensiva, y deseo que Boris Johnson también lo haga.

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Fausto Pretelin Muñoz de Cote

Consultor, académico, editor

Globali... ¿qué?

Fue profesor investigador en el departamento de Estudios Internacionales del ITAM, publicó el libro Referéndum Twitter y fue editor y colaborador en diversos periódicos como 24 Horas, El Universal, Milenio. Ha publicado en revistas como Foreign Affairs, Le Monde Diplomatique, Life&Style, Chilango y Revuelta. Actualmente es editor y columnista en El Economista.