Muchísimas personas, sobre todo los jóvenes, ven asuntos como el retiro o una invalidez como algo lejano, remoto, que a ellos no les va a pasar. Dicen: “tengo 20 años, ya habrá tiempo para pensar en eso más adelante”.

Pero la vida no funciona así. El momento ideal para pensar en el retiro es cuando uno empieza a trabajar: si un joven de 22 años decide, desde que recibe su primer sueldo, ahorrar 10% para su retiro y gastar 90% restante para todo lo demás (en adición a las contribuciones obligatorias a las afores) e invierte ese dinero de manera inteligente, podrá formar un patrimonio que le permitirá vivir sus años dorados sin preocupaciones. Pero si se espera, tendrá que ahorrar 15%, 20% o incluso la mitad de su sueldo para lograr el mismo resultado.

Muchas veces he asesorado personas que están en sus cincuentas y que empiezan a ver el retiro como algo real y cercano. Se empiezan a preocupar a esa edad y se dan cuanta que si lo hubieran hecho antes, habría sido muchísimo más fácil alcanzar su meta. Todos sin excepción me dicen: “ojalá lo hubiera pensado antes”.

Tengo un muy buen amigo mío que es agente de seguros. Me contó una historia muy triste: se acercó con un amigo cercano para ofrecerle un seguro de vida. Era un empresario joven, con dos hijos pequeños. Su esposa trabajaba pero él era por mucho el principal proveedor del hogar. Hizo una detección de necesidades y le propuso un seguro enfocado en la protección, con una suma asegurada que en caso de fallecimiento o invalidez, le daría a su familia un monto suficiente para vivir los siguientes cinco años sin preocupaciones. La esposa se negó y le dijo “¿Para qué quieres un seguro de vida, si estás muy joven? Tu amigo sólo quiere sacarte dinero”. Pocos meses más tarde, su amigo falleció en un accidente y la familia, de un día para otro, se quedó sin su principal sostén económico.

Son historias que me duelen mucho, pero que he visto. Cuando era pequeño vivía en una de las zonas más afectadas por el terremoto de 1985 en la Ciudad de México y me tocó ver cómo gente a mi alrededor lo perdió todo de la noche a la mañana. Pero no nos vayamos tan lejos: en el terremoto del 2017, varios edificios de la misma cuadra donde vivían mis padres tuvieron que ser demolidos (aunque afortunadamente todos pudieron salir). A pesar de ello, en México menos de 5% de las viviendas que existen están aseguradas, a pesar de que representan, por mucho, el pilar del patrimonio familiar. Muchos no ven el seguro como algo indispensable y por lo tanto, aún cuando tienen la capacidad económica de contratar uno, lo dejan para después.

Conocí hace poco a una joven de Francia que vino a vivir a México con su novio. Rentaban un departamento en el centro y estaba preocupadísima por conseguir un seguro para cubrir su responsabilidad como arrendatarios y no encontraba uno que le brindara una suma asegurada adecuada (todo el mundo le ofrecía coberturas de 1 millón de pesos, cuando ese departamento vale mucho más). También quería un seguro de salud (gastos médicos) aunque terminó adquiriendo un seguro que se ofrece en Francia para expatriados (con coberturas más amplias y mejores costos que los que se ofrecen aquí). Me dijo algo que nunca se me va a olvidar: “siento que aquí la gente camina desnuda, sin ninguna protección, vivir así es impensable para mí”.

Hoy es el mejor momento para pensar en tu retiro, en hacer un testamento o en proteger las cosas que son más importantes para ti. No lo dejes para mañana: te puede salir muy caro a ti o a tu familia.

Joan Lanzagorta

Coach en Finanzas Personales

Patrimonio

Ejecutivo de alto nivel en seguros y reaseguro con visión estratégica de negocio, alta capacidad de liderazgo, negociación y gerencia.

Además es columnista de Finanzas Personales en El Economista, Coach en Finanzas Personales y creador de la página planeatusfinanzas.com

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