Despedimos a uno de los líderes más grandes que ha tenido América Latina. Tuve el honor de llamar amigo a Francisco Flores, quien fuera presidente de El Salvador entre 1999 y el 2004.

Lo conocí en el 2005 en Miami. Al ser el más joven entre los asistentes, Paco, como le decíamos de cariño, me dedicó la primera parte de su discurso en la que habló sobre su historia y la de su país; fue el testimonio de un gran líder, un hombre que siempre creyó en su gente y logró lo que parecía imposible.

Después de 13 años de conflicto armado en donde murieron miles de personas, El Salvador quedó devastado. Un tercio de su población emigró a países vecinos. El 60% vivía en condiciones de pobreza con una infraestructura colapsada: caminos, sistemas de energía, distribución de agua potable y telecomunicaciones.

En 12 años, El Salvador logró disminuir 50% el nivel de pobreza, de 60 a 30 por ciento. En palabras de Paco, el antídoto para combatir la pobreza es dar oportunidades. Porque la oportunidad es una elección y la elección es libre. El nivel de analfabetismo disminuyó de 25 a 12 por ciento. De cada 1,000 niños, el índice de mortalidad infantil disminuyó de 45 a 24.

El nivel de desempleo disminuyó de 13 a 6.5%; y las tasas de intereses bajaron de 30% en 1992 a 6.8% en el 2004. El Salvador alcanzó el nivel de inflación más bajo en América Latina y una disciplina fiscal. Se construyeron más caminos pavimentados en cinco años que en los previos 25. El número de escuelas públicas se duplicó y el incremento en centros de salud fue también de 50 por ciento.

Uno de los secretos en el éxito de El Salvador fue la aplicación sistemática del concepto de libertad en las políticas públicas. La guerra terminó cuando se les dio a los salvadoreños la libertad de elegir a sus líderes y de pedirles rendición de cuentas. Paco afirmaba que el éxito de El Salvador es muy sencillo: dejó de culpar a los demás.

Paco consideraba un error culpar a los demás de la propia responsabilidad, pues esto sólo inhibe la posibilidad de actuar y de resolver los problemas. Jóvenes, sean protagonistas de la historia de México. Ahí van a encontrar no sólo su realización personal, sino la gran dicha de servir y enriquecer su vida. Nos dijo Paco una y otra vez. Descanse en paz.

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