Hace unos días leí un artículo sobre el retiro en edad temprana, que empezaba diciendo: “Durante gran parte de mi vida, perseguí metas vacías. Lo supe porque, una vez que las conseguía, no sentía ninguna diferencia”.

En este espacio he hablado de los distractores: aquellas cosas que compramos, que nos dan satisfacción de corto plazo, pasajera, pero que a la vez nos distraen de las cosas que realmente son importantes. Por eso las llamo así.

Un ejemplo puede ser comprar un auto nuevo de una categoría superior, pagando por supuesto un precio mucho mayor. Cuando estamos en la agencia, sentimos que lo queremos. Lo deseamos con todas nuestras fuerzas y terminamos convenciéndonos a nosotros mismos de que sí lo podemos pagar, si nos apretamos el cinturón y si tomamos un crédito a plazo más largo.

Una vez que nos lo entregan y durante los primeros días, nos sentimos superbién. Pero esa sensación va menguando mientras pasan las semanas. Nuestra vida no ha tenido, en realidad, ningún cambio positivo. Por el contrario, ahora tenemos que pagar el auto y eso nos quita capacidad de ahorro para lo que de verdad nos importa en la vida.

Quiero dejar muy claro que no se trata de no comprar cosas nuevas o que deseamos, siempre y cuando tengamos la capacidad de hacerlo y no nos distraigan de aquellas metas que son realmente valiosas para nosotros.

Sin embargo, éste es un patrón en el que están atrapadas muchas personas: compran una cosa y reciben satisfacción inmediata, que poco a poco se va desvaneciendo. Así, pronto necesitan comprar otra para volver a sentir esa emoción. Así sucesivamente. El problema es que todas esas son metas vacías que no nos dejan más que esos sentimientos y que podrían asomar problemas aún mayores.

Hay también quienes piensan que, si hacen sacrificios para lograr lo que buscan, a costa de largas horas de trabajo que les implique posponer tiempo de calidad con amigos y familia, lograrán una mayor satisfacción. Pero todo depende de la meta que estemos buscando: no todas valen la pena ese esfuerzo y sólo nosotros podemos saber si eso que estamos haciendo es más importante que todo lo demás. De lo contrario, será fácil arrepentirnos después, pero el tiempo ya no lo podremos recuperar. Hay que recordar: no se puede buscar felicidad en cosas externas: no nos la brinda ni el estatus, ni el dinero por sí mismo, ni los bienes que podamos acumular.

¿Qué es lo más importante para ti? ¿Te has puesto a pensar en ello? Para unos puede ser la libertad, para otros la seguridad de su familia. Hay quien valora el arte, la cultura o el deporte por encima de otras cosas. Antes de establecer metas financieras (y de cualquier otro tipo), tenemos que tener claro cuáles son nuestros valores y nuestras prioridades. Porque de ahí debemos partir.

El dinero que ganamos es limitado y, por lo tanto, no podemos conseguir todo al mismo tiempo. Algunas primero, otras después. Por eso debemos tener un plan de gasto y decidir, dentro de todas las opciones que tenemos, en qué lo vamos a usar y cómo lo vamos a distribuir. Una parte tendrá que ir a obligaciones que hemos contraído con anterioridad (por ejemplo, la renta o hipoteca, la mensualidad de nuestros créditos). Otra parte, para cubrir nuestras necesidades inmediatas (alimentación, por ejemplo). Pero tenemos que darnos un espacio para metas que nos acerquen, precisamente, a nuestros valores.

Es curioso, pero muchos objetivos populares que parecen ser importantes, como por ejemplo, alcanzar la libertad financiera o generar ingresos pasivos, no necesariamente representan los valores de algunas personas. Sin duda son conceptos atractivos: libertad financiera significa poder enfrentar nuestra vida sin estar atado a un trabajo que no nos gusta. ¿Quién no querría esto?

El autor del artículo que mencioné al inicio de este escrito pensó precisamente en eso. Pensó que si lograba la libertad financiera, estaría de alguna manera llegando a la meta. Pero después se preguntó: ¿Llegar a dónde? ¿Cuál es la finalidad de eso? ¿Qué tal si estoy haciendo un trabajo que amo? ¿Estaría dispuesto a dejarlo?

La conclusión de ese autor es que habría que dejar de pensar que un título universitario, un trabajo o una cuenta de banco nos va a dar libertad. Lo único que la logra es utilizar el tiempo de manera inteligente, para aquello que es más valioso. Para algunos esto puede significar una carrera laboral exitosa y con reconocimiento, para otros pasar tiempo de calidad con sus hijos. ¿Qué es verdaderamente importante para ti?

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Joan Lanzagorta

Coach en Finanzas Personales

Patrimonio

Ejecutivo de alto nivel en seguros y reaseguro con visión estratégica de negocio, alta capacidad de liderazgo, negociación y gerencia.

Además es columnista de Finanzas Personales en El Economista, Coach en Finanzas Personales y creador de la página planeatusfinanzas.com