Sobre el derecho al aborto legal

La reciente aprobación en Alabama de una ley brutalmente restrictiva contra el derecho de las mujeres a decidir sobre su maternidad ha encendido las alarmas en Estados Unidos y entre defensoras de derechos humanos. No se trata de un ataque aislado contra el derecho al aborto legal, sino una muestra extrema de los afanes conservadores por controlar el cuerpo y la vida de las mujeres. No es tampoco una aberración más de la política conservadora alentada por Trump: forma parte de una oleada que en estos tiempos obscuros pretende preservar un orden patriarcal, autoritario y excluyente en ese país y en el mundo.

La ley aprobada en Alabama el 14 de mayo prohíbe el aborto en cuanto se detecte un latido de corazón del embrión, lo que puede suceder desde la sexta semana, cuando la mujer quizá ni siquiera sabe que está embarazada. Esta determinación retoma el argumento falaz de que existe persona humana desde la concepción, ignora las etapas de la gestación, pasa por alto que en ese momento no hay vida cerebral o sensible en el embrión, y borra la humanidad de las mujeres.

Si ya la debilidad científica de esta determinación permite poner en duda las motivaciones de estos legisladores (25 hombres) que la aprobaron, la prohibición del aborto, incluso en caso de violación o incesto, y la imposición de una pena de cárcel de hasta 99 años al personal médico que lo practique, demuestra que su intención no es “proteger la vida” sino imponer un drástico control sobre las mujeres y amedrentar a quienes tienen la obligación de velar por su salud.

Esta medida, en efecto, nos recuerda las consecuencias de prohibiciones similares en El Salvador, República Dominicana o Nicaragua, donde se ha condenado a cientos de niñas a la tortura de llevar a término un embarazo provocado por una o reiteradas violaciones de parientes o conocidos, o la que en Irlanda llevó a los médicos a negar un aborto necesario para preservar la salud de una mujer embarazada, por miedo a ser condenados por una ley que sólo consideraba el riesgo a la vida. En esos casos, la única “opción” es un aborto clandestino en que la mujer arriesga su vida y su salud.

En respuesta a la ley de Alabama, a la que preceden más de una decena de normas similares en otros estados, la Asociación de Mujeres en Psicología de Estados Unidos advirtió en un comunicado las graves consecuencias de este tipo de restricciones. El mensaje para las niñas y mujeres, afirman, es que el gobierno, no ellas, es quien controla su cuerpo y sus decisiones, y por ende, su vida. El incesto y la violación, señalan, ejemplifican una “pérdida extrema de control” que se agudiza con la prohibición de abortar, causando daños a la salud física y mental. Se atenta así contra el principio de igualdad entre mujeres y hombres y contra la libertad del personal médico.

Al atacar las libertades y el derecho a la salud (física y mental) de las mujeres y restringir su autonomía, el Estado ejerce violencia institucional. Con estas leyes legitima además el ejercicio de la violencia extrema, la de los agresores y la suya, la de un Estado que pretende obligarlas a llevar a término el embarazo, práctica equiparada a la tortura por el Comité contra la Tortura de Naciones Unidas, y cuyo uso sistemático en conflictos armados constituye un crimen de guerra.

Quienes impulsaron la ley de Alabama, señalan grupos feministas, saben que se contrapone al fallo de la Suprema Corte, basado en el caso Roe vs Wade, que en 1973 garantizó el derecho al aborto legal en todo EU. Su propósito, denuncian, es empujar el debate hasta esa instancia, donde la actual mayoría conservadora podría revertir aquella decisión.

La manipulación de las leyes y del discurso moral en contra de los derechos humanos de las mujeres no es nueva. Los extremos a que han llegado los grupos antiderechos, dispuestos a ignorar la violencia sexual y a reducir la vida de las mujeres a la maternidad como servidumbre, develan una aspiración totalitaria acorde con los discursos de odio en boga, que, lejos de defender “la vida”, la degrada.

@luciamelp

Lucía Melgar

Crítica cultural

Transmutaciones

Es profesora de literatura y género y crítica cultural. Doctora en literatura hispanoamericana por la Universidad de Chicago (1996), con maestría en historia por la misma Universidad (1988) y licenciatura en ciencias sociales (ITAM, 1986).