Justo hace seis años, Ernesto Cordero tomó la decisión que cambiaría la ruta de su carrera política. El entonces secretario de Hacienda ocupaba un lugar preponderante en lo que entonces se conocía como calderonismo. Con el impulso de Alejandro Poiré su amigo entrañable desde las épocas preparatorianas y Alejandra Sota, iría a la conquista de los apoyos que le permitieran buscar la candidatura presidencial.

Terminaba el invierno y corría el primer bimestre del 2011. El PRI ya había perfilado a Enrique Peña Nieto, mientras que la izquierda se había decantado por Andrés Manuel López Obrador. El partido en el gobierno, por el contrario, apenas se recuperaba de la desaparición de José Francisco Blake Mora. En Los Pinos analizaban también a los titulares de la SEP, Alonso Lujambio, y de la Sedesol, Heriberto Félix Guerra.

Otros sectores panistas apoyaban a la entonces lideresa de la bancada panista en San Lázaro, Josefina Vázquez Mota. Entonces, como ahora, la nominación del exsecretario foxista Santiago Creel Miranda parecía improbable.

Antes de las vacaciones de Semana Santa, el secretario de Hacienda comunicó su decisión al Ejecutivo federal, quien lo escuchó con atención y le respondió con la franqueza que permite una amistad a prueba de cualquier aspereza: no te veo como el candidato del PAN .

Felipe Calderón sabía que a la selección del candidato presidencial sólo podría ir con un as bajo la manga. Y que las otras fuerzas al interior del partido jugarían sus cartas. Para ese momento, abril del 2011, ocurrían los primeros atisbos de la negociación presupuestal y esa era la prioridad para Los Pinos.

Cordero atendió con precisión las instrucciones de su jefe y para septiembre, cuando finalmente dejó la SHCP, ya había sentado las bases del paquete fiscal que defendería José Antonio Meade Kuribreña. Había pasado un semestre valioso que los calderonistas nunca pudieron recuperar.

La cúpula panista ha recordado estas historias a propósito de lo ocurrido el pasado sábado, en la sesión del Consejo Nacional en la que Calderón Hinojosa nuevamente advirtiera sobre los riesgos de una elección con dados cargados del candidato presidencial.

¿Entonces que cancelen las internas y que el PAN postule al mejor posicionado? Hace seis años, Calderón Hinojosa evitó un dedazo azul y si bien decidió apostar por Cordero lo que implicó tener en la reserva a Lujambio, hasta que enfermó y bajar de la contienda a Félix Guerra alentó la contienda en la que también participaron Creel y Josefina.

(La reconstrucción de esas semanas críticas para el calderonismo aún está en ciernes. Allí están las versiones sobre las quejas de Lujambio sobre la presunta ambigüedad del Ejecutivo panista que han sido desmentidas por el entonces secretario del Trabajo, Javier Lozano Alarcón. A ninguno nos pidió que nos subiéramos o nos bajáramos de una aspiración ).

La derrota de los calderonistas, paradójicamente, fue una muestra contundente de la democracia al interior del PAN.

Pero eso fue hace seis años. Ahora, expulsados de Los Pinos y en la antesala de la selección del candidato presidencial, el jefe nacional del PAN, Ricardo Anaya Cortés, sigue ganando tiempo. En lugar de responder las demandas de los calderonistas y morenovallistas, exhibió al expresidente quien habría revelado públicamente sus ánimos disidentes, cansado de la iniquidad de la contienda interna.

Amagó con irse si no ponen a su esposa (Margarita Zavala) , resumió Juan José Rodríguez Prats quien se estrena como integrante del Consejo panista con esta rimbombante polémica con el expresidente.

Frente al pleito que se traen Felipe Calderón y Juan José Rodríguez Prats, el presidente panista, Ricardo Anaya, ha guardado un silencio que para muchos resulta sospechoso. Algunos panistas se preguntan si Anaya simplemente dejó que las cosas subieran de tono o si fue quién resucitó a Rodríguez Prats para golpear a Calderón y de paso a Margarita Zavala. En todo caso, la sensación es que en momentos trascendentales para el panismo, Anaya simplemente se evade.

Tras la reunión del Consejo Nacional del PAN del pasado fin de semana, algunos dirán que salvo Roberto Gil Zuarth, ninguno de los calderonistas de antaño ha querido participar en la polémica. Otros dirán que el calderonismo, ahora mismo, es prácticamente inexistente. Unos y otros coincidieran en que el barco panista parece ir a la deriva.

EFECTOS SECUNDARIOS

RIVALES. En el war room del candidato priista a la gubernatura del Estado de México, Alfredo del Mazo, han tomado como válida una reciente encuesta del despacho Sanmartín Group levantada tras del debate de la semana pasada que revela que el abanderado perredista, Juan Zepeda, se colocó apenas a tres puntos de la candidata de Morena. Y más importante para ellos es el hallazgo de que Delfina y Zepeda comparten 12% de sus votantes, pues según sus cálculos, Delfina podría perder en favor de Zepeda hasta 8%. ¿Será?

alberto.aguirre@outlook.com