Hace poco algunos miembros distinguidos de la dirigencia empresarial anunciaron su deseo de competir por puestos de elección popular, aduciendo su interés por trabajar en las reformas que el país necesita para elevar la raquítica tasa de crecimiento observada en los últimos lustros. Esta decisión, independientemente de las razones aludidas, es una decisión personal, que posiblemente cuente con el apoyo de las organizaciones empresariales, las cuales, conviene aclarar, siempre han estado muy activas en términos políticos para defender sus intereses.

Si bien en algunas ocasiones opacadas por líderes poco hábiles, que desconocen el fondo de los problemas y otros a los que sólo interesa aparecer en todas las fotos con el Presidente o algún secretario, su labor ha sido relevante. El elemento interesante es el tipo de reforma que estos nuevos integrantes del Congreso estarían dispuestos a apoyar y si existe acuerdo con la reforma que interesa a las diferentes agrupaciones. Hablando de reformas, los intereses definen el tipo de cambios que se plantean y de ahí a lo que los legisladores promuevan pueden haber diferencias abismales, algunas para nada convenientes para el país. Ejemplos sobran, aunque por el momento dejaremos a éstos por la paz.

El término reformas ha sido utilizado en forma despectiva por la izquierda y por el partido opositor al gobierno actual, cuando así conviene a sus intereses, por lo que una gran mayoría de la sociedad no quiere saber nada de reformas y de cambios, y menos si para denostarlos se utilizan expresiones como que de aprobarse, la reforma señalada acabaría con una parte del patrimonio de los mexicanos. En este punto desafortunadamente también sobran los ejemplos de cambios promovidos sin una planeación a fondo y sin estrategia, lo que derivó en una enorme pérdida para el gobierno y una posterior intervención para recomponer a medias el asunto.

En otros casos, la situación que se dejó a la sociedad fue de una empresa o pequeño grupo con enorme poder de mercado, que se ha encargado de arrancar una buena parte del excedente de los consumidores y que, por lo tanto, su labor no ha sido en beneficio del bienestar de las mayorías.

Es por ello que resulta importante que haya un posicionamiento de los personajes interesados en promover reformas, acerca de las intenciones de las mismas y, como señalamos arriba, sería bueno que estudiaran los pequeños cambios necesarios para corregir fallas actuales.

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