La decisión de la Federación Mexicana de Futbol (FMF) y de Televisión Azteca de fijar el partido de la liguilla entre los Tigres de Monterrey y Monarcas el domingo 6 de mayo a las 20:00, la misma hora del debate presidencial, ha prendido la alerta en algunos sectores de la república tuitera.

Como ya sabían desde antes tanto los jerarcas del futbol profesional mexicano y también los dueños y directivos de TV Azteca, el Instituto Federal Electoral (IFE) había anunciado desde hacía un mes que justo ese domingo y a la misma hora, se celebraría el primer debate entre los candidatos que buscan la presidencia de la república.

La reacción entre dirigentes de la política profesional y algunos ciudadanos interesados en las elecciones no se hizo esperar. De hecho en Twitter se crearon hashtag, #FMFVSDebate es uno de ellos, para unificar el repudio a la decisión de empalmar el futbol con el debate presidencial. Incluso algunos observadores agudos ven en esta decisión, una revancha de las televisoras por la reforma electoral de 2007 que impidió a estas la venta de espacios publicitarios para las campañas electorales.

Hasta la noche del lunes 30 de abril se informaba que el IFE buscaría sensibilizar a directivos de TV Azteca para no empalmar la transmisión del partido de futbol y el debate entre el priista Enrique Peña Nieto, la panista Josefina Vázquez Mota, el progresista Andrés Manuel López Obrador y Gabriel Quadri del Panal.

Si el horario del partido no se mueve, lamentó un consejo electoral la tarde del lunes, muchos mexicanos van a preferir ver el balompié que el debate entre aspirantes presidenciales.

¿Realmente se debe lamentar la decisión? No lo creo. Para empezar, si a los mexicanos les importa más el futbol que la política profesional, por algo será. En este momento, a dos terceras partes de los mexicanos les interesa poco o no les interesa nada la política, según la serie histórica de las encuestas de Mitofsky.

Según mi opinión, no se trata de apatía y falta de conciencia de la población, sino que expresa el desencanto, irritación y hasta desprecio por una clase política alejada de las necesidades y de las dolencias de la mayoría de la población. Si los partidos y los políticos profesionales no representan a la sociedad, ¿por qué la gente debería interesarse en el debate?

Además, querer obligar a que la gente se interese por el enfrentamiento verbal entre aspirantes a la presidencia es semejante a la actitud del padre autoritario que exige al hijo estudiar la carrera que a él le gusta, no la que el hijo prefiere. La conciencia ciudadana, como están sugiriendo algunos liberales, no se puede imponer a la fuerza. De hecho, la conciencia política no se inyecta, los sujetos la van decidiendo conforme a sus necesidades y experiencias, sin que llegue de fuera.

Ahora bien, esta opinión no intenta salvar la cara de las televisoras, que se dedican mayormente a transmitir pura basura, pura chatarra.

No en balde en la televisión que consumimos los mexicanos, según el top 15 de Ibope, hay diez telenovelas, tres programas de deportes, un reality show y un concurso. Después de los programas especiales para informar sobre la epidemia de influenza el 28 y 29 de abril de 2009, el tercer evento más visto en la televisión mexicana es el asesinato del conductor televisivo Paco Stanley, ocurrido en junio de 1999 (Ibope-AGB México, anuario 2009-2010). De modo que con este historial de oferta televisiva, no sorprenda que el futbol se imponga por sobre el debate, además hay que sumar la historia de incumplimientos y traiciones de los políticos a sus representados.

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