Se estima que para estas alturas de las campañas presidenciales entre 10 y 20% de los mexicanos con posibilidad de votar aún no ha tomado una postura definitiva con respecto a su sufragio. Estoy bastante escéptico sobre el efecto que las campañas publicitarias y 45,000 millones de pesos que a ellas se destinen tengan sobre la opinión que el electorado se ha hecho sobre los candidatos. Pero creo que acontecimientos como un debate bien producido pueden tener un efecto más impactante que las campañas repetitivas y carentes de mensaje.

El próximo 22 de abril, los mexicanos tendremos la oportunidad de ver el primer debate televisivo entre los candidatos a la Presidencia de la República. El debate será moderado por Denise Maerker, Sergio Sarmiento y Azucena Uresti. El resultado se verá afectado por la calidad de preguntas que los periodistas formulen y la capacidad que tengan para incitar un debate real y enriquecedor y no una discusión carente de ideas. Los cuatro candidatos tendrán el mismo tiempo (24 minutos) para contestar y enriquecer el debate.

Tanto en EU como en México, los debates entre candidatos han tenido efectos positivos para generar conciencia electoral: esperemos que el debate que estamos por presenciar tenga al menos algunos de los siguientes efectos en el electorado.

Efecto catártico, los debates entre candidatos ofrecen al electorado lo mismo que una pelea de box o un encuentro entre dos equipos. El 22 de abril nos sentaremos frente al televisor esperando ver cómo nuestro candidato favorito contesta de manera favorable las preguntas que los moderadores le hacen y al mismo tiempo cómo el candidato de oposición permanece impávido o reacciona de manera poco afortunada ante las mismas.

Efecto bola de nieve: los debates generan más debate. es frecuente, después de un debate, ver páneles de politólogos o pensadores opinar sobre las respuestas que unos y otros ofrecieron, así como análisis sobre las propuestas de los candidatos. Así, periodistas, columnistas y blogueros comentan y enriquecen la opinión pública con distintos puntos de vista que generan más polémica y ponen en entredicho lo que se daba por hecho.

Efecto de potencial empatía: cuando vemos un debate, la mayoría de la población que no tiene acceso a los candidatos personalmente tenemos la oportunidad de sentarnos frente a ellos durante un periodo relativamente largo para verlo, observarlo, escucharlo, juzgarlo, sentirlo y ultimadamente generar sentimientos de empatía o antipatía por él o ella. Esta oportunidad puede ser crucial para afianzar el voto de indecisos y sellar el de aquellos que coqueteaban con otros candidatos.

Efecto diálogo: un debate bien llevado y que no sólo tenga como protagonista al candidato en el micrófono sirve también como un diálogo entre la población y los candidatos. En un debate bien logrado, las preguntas que se hacen a los candidatos deben estar basadas en temas que conciernen a la ciudadanía y que merecen una verdadera reflexión por parte de los candidatos.

Efecto de unión: uno de los beneficios o privilegios de la democracia es precisamente el derecho de elegir. Los mexicanos tenemos que aprender a elegir a nuestros representantes y a diferir sin tomar represalias o dividirnos en subgrupos. Un debate bien producido debe tener como finalidad esclarecer, aportar, enriquecer y brindar oportunidades para aumentar la conciencia colectiva y empoderar el proceso de la toma de decisión.

Un debate debe ser una invitación para que los periodistas, los medios y los líderes de opinión promuevan un diálogo responsable y auténtico que, a pesar de las diferencias, nos una por un bien común.

aaja@marielle.com.mx

Antonio Aja

Columnista

Showbiz