Desde el principio, el presidente López Obrador ha sido muy claro con la industria petrolera: en temas de exploración y producción, las demoras y los incumplimientos respecto a los planes de trabajo son inaceptables. Las inversiones en este terreno son estratégicas y están atadas a ambiciosas metas presidenciales. Cualquier desviación, en tiempo o forma, lastima al país.

Este compromiso se va a poner a prueba de manera muy pública el próximo 27 de agosto. La información generada por la Comisión Nacional de Hidrocarburos, en su carácter de asesor técnico de la Secretaría de Energía, muestra que Pemex ha logrado superar el umbral de apenas 60% de su compromiso mínimo de trabajo en sólo 28 de 91 de sus asignaciones de exploración. En extracción, sólo 40% de sus asignaciones logra pasar este umbral.

Para dimensionar, de acuerdo con la última actualización de la CNH, Pemex debe 76 pozos exploratorios prácticamente completos, desde presentar el papeleo de aprobación. En aguas profundas son 20, donde desarrollarlos es particularmente caro y tardado. Su inversión total relacionada con estas asignaciones, desde septiembre del 2017 (cuando la Sener le dio una prórroga a sus asignaciones) hasta mayo del 2019, fue de 46,919 millones de pesos. Tendría que haber invertido el doble: 93,365 millones.

En producción, desde el 2015 hasta el 2018, el nivel de inversión de Pemex fue de poco más que lo que los programas mínimos de trabajo exigían. En el 2019, la situación empeoró: de acuerdo con los planes proyectados hasta el momento, sólo se cumpliría con 47.4% de lo exigido. Pemex está produciendo casi 700,000 barriles de crudo menos por día, 30.4 por ciento de lo planeado. En gas, Pemex queda a deber casi 900 millones de pies cúbicos diarios, fallando por 21.1% de la meta.

Si se cumple con la letra de la ley y la regulación, el 27 de agosto la Secretaría de Energía tendría que tomar medidas para retirarle a Pemex las asignaciones en incumplimiento, particularmente en el plano exploratorio si es que no hay descubrimientos. Si Pemex se está quedando corto, aun bajo los planes e inyecciones actuales, el Estado mexicano no debería darse el lujo de continuar desviándose de los niveles mínimos de actividad aceptable. Hacerse de la vista gorda, además, sentaría precedentes preocupantes hacia otros operadores. Si los compromisos mínimos de trabajo no se hacen cumplir, cualquier operador podría empezar a arrastrar los pies y especular con sus bloques.

A nombre de los mexicanos, el Estado está obligado a buscar generar valor de esos contratos. Si Pemex no puede, aún con los nuevos recursos que está recibiendo, lo más objetivo sería buscar alternativas. Nadie, ni Pemex, debe estar por encima de los intereses estratégicos y económicos del Estado.

La estructura del gobierno, sin embargo, introduce un sesgo que va a ser difícil de superar. La Secretaría de Energía no sólo vela por la política energética nacional, sino que preside el Consejo de Administración de Pemex. El exconsejero independiente de Pemex, Fluvio Ruiz, explicó recientemente que la pérdida de bloques para Pemex podría representar una carga adicional en la percepción sobre su capacidad de repago de deuda. Los bonistas prestaron entendiendo que el nivel de activos era el actual. Perderlos implicaría hacer ajustes. Esta consideración, junto con los cálculos políticos que son fáciles de imaginar, ha hecho que la expectativa real sea el incumplimiento.

Una solución imperfecta, pues de todos modos implica incumplimiento, sería exigirle a Pemex que muestre planes viables para generar actividad significativa en las asignaciones donde se ha rezagado. Lo que se ha mostrado al momento del Plan de Negocios ni siquiera conecta estos puntos.

Sin posibilidades reales de emitir nueva deuda, como lo ha explicado el propio presidente, y con las nuevas inyecciones de capital ya incorporadas al análisis, Pemex aún se estaría quedando muy corto respecto a las expectativas que teníamos hace apenas unos años. Ni sumando los creativos y generosos nuevos contratos de servicios (CSIEEs), da. La única solución de gran calado son los farmouts, que por ahora están detenidos.

Mientras tanto, hay enormes demoras e incumplimientos, por más que sean inaceptables en un sector tan estratégico.

Pablo Zárate

Consultor

Más allá de Cantarell