En varias ocasiones, mi querido amigo Roger Pardo, exsubsecretario adjunto de Defensa para el hemisferio occidental en EU, nos ha recordado: “La primera condición para ganar cualquier guerra es que la moral del ejército esté alta”.

La tormenta en la que hoy estamos inmersos ha provocado que el miedo, la tristeza, la incertidumbre y el pánico invadan todo el planeta. La moral para ganar esta guerra lleva tendencia a la baja. Urge levantarla para persistir, y bajo ningún motivo desistir. Sin dejar de reconocer los riesgos para evitar escenarios más peligrosos, es urgente cambiar el foco de nuestra atención.

Vivimos una etapa que nos recuerda lo frágiles y vulnerables que somos. El Covid-19 ha puesto en manifiesto que estamos más conectados de lo que imaginábamos y somos más interdependientes de lo que hubiéramos creído. Navegamos en el mismo barco bajo la misma tormenta.

De ahí que sea indispensable reconocer que, así como el virus es de muy fácil y rápida propagación, también hay otros contagios que resultan muy esperanzadores o muy peligrosos. Abramos bien los ojos.

Uno de los focos rojos es el debilitamiento de las democracias y la intención de atentar contra la libertad y la propiedad privada que muchos políticos ya dejan ver. Dos casos puntuales. Hungría es quizás la primera democracia europea que muere al aprobarse una ley que permite al primer ministro Viktor Orbán prolongar indefinidamente el estado de alarma y tener poder ilimitado para gobernar por decreto, sin ningún control parlamentario y eliminando la posibilidad de tener elecciones.

Otro caso es España, donde Unidos Podemos propone un real decreto que permita las expropiaciones justificando que “toda la riqueza del país está subordinada al interés general”. ¡Cuidado! Bastante difícil será superar esta emergencia como para que todavía los políticos atenten contra la libertad, la economía, las empresas y la propiedad privada, condiciones indispensables para resurgir y reconstruir todo.

Cuidado con los líderes mesiánicos y los falsos profetas cuyo apetito autoritario y hambre de poder serán capaces de justificar cualquier aberración. Evitemos todos los contagios y las malas influencias en esa dirección.

Estamos a tiempo de elegir qué queremos contagiar a otros y de qué nos queremos vacunar. Depende de lo que seamos capaces de imaginar, sentir, compartir y replicar en las próximas semanas. También habrá que estar muy alertas sobre qué consumimos y qué tipo de noticias e información digerimos, pues todo lo que nos quite la paz habrá que desecharlo. Necesitamos cuidar la salud y mantenernos fuertes espiritual, mental y físicamente.

Si tenemos la libertad de elegir, ¿por qué no nos contagiamos de buenas ideas y prácticas como las que han puesto en marcha el gobierno de Singapur o los ciudadanos checos, quienes han sido exitosos en contener y evitar que el coronavirus siga creciendo? ¿O el regalo que el MIT le ha dado al mundo compartiendo los planos, el know how y todos los derechos para construir ventiladores mecánicos de emergencia que por 100 dólares pueden salvar miles de vidas?

Ninguna solución vendrá del mismo sistema que generó los problemas actuales. Tenemos que ser disruptivos, abrir espacio a la imaginación para que, durante esta cuarentena, nuestra creatividad se acelere y nos permita reimaginarlo y repensarlo todo. Después de esta pandemia, el mundo no volverá a ser igual.

Hay muchísimas buenas noticias que brillan en medio de la oscuridad. Estamos rodeados de héroes que dan su vida sirviendo, ayudando y salvando a miles dentro y fuera de los hospitales. ¡De esa energía hay que contagiarnos!

Necesitamos contagiarnos de esperanza, optimismo, fraternidad, solidaridad, buenas ideas, emociones positivas y todo lo que nos ayude a ser mejores, a sentirnos mejor y a levantar la moral de este extraordinario ejército humano lleno de reservas para ganar ésta y todas las guerras que se avecinan.

Twitter: @armando_regil

Armando Regil Velasco

Licenciado en Negocios Internacionales

Ágora 2.0

Licenciado en Negocios Internacionales graduado con mención honorífica por el Tec de Monterrey. Estudió Economía y Políticas Públicas en Georgetown University. Cuenta con diversos diplomados de institutos como: la University of International Business and Economics de Beijing.