Hernán Cortés recuerda al Rey de España el principio del comercio exterior: (...) vuestras tierras serán proveídas de cosas de nuestra nación, que a la vuestra serán extrañas e incógnitas, e por consiguiente de la vuestra a la nuestra... . Bien, pero cuando la dependencia de un país es tan grande respecto de otro, como en el caso de México y Estados Unidos, la cosa se pone color de hormiga si el predominante se deprime: su PIB sube 1.8% este año y se anticipa 1.2% en el 2013. Colgados del vecino en nuestras cuentas externas: exportaciones (85% y avanza la proporción de bienes chinos en este mercado a nuestras costillas) e importaciones (55%), así como en los demás conceptos: inversión en cartera y en maquinaria y equipo, turismo, transacciones fronterizas y exportación de mano de obra, léase remesas. Variables erráticas, o estancadas, o deficitarias, según el talante del vecino.

El único factor positivo, petróleo, es inestable. De las ventas mexicanas, 2% va a Canadá y entre 4 y 5% a Europa; a Asia, la región de los gigantes, apenas entre 2 y 3%, cuando que tienen las mejores perspectivas, con mucho, de avance en estos años, contra Estados Unidos, Europa y Japón, que se ven mal. Insuficiente, claro, pero tenemos algún alivio en una base de firmeza y eventual seguridad: ostentamos, de entre los principales países, bajos coeficientes de deuda y déficit públicos.

Poco o ningún estímulo nos viene de fuera. Válvulas de escape, unas son transparentes, otras nebulosas, paradójicamente originan dinero a montones: informalidad (incluidos mexicanos fuera) y suciedad en todas sus formas, léase corrupción y delincuencia abierta.

Ante tan poco atractivo panorama, nos gustaría escuchar de los candidatos el planteamiento de vías serias, apoyadas en las disciplinas sociales y también en las exactas, para salir del estancamiento que ya nos distingue entre las naciones. Nada de eso, son los polacos de siempre que gritan el mismo eco sexenal de boberías. Enajenados por triunfar, ¿tendrán un verdadero plan de gobierno? Fruslerías, iguales en todos ellos, que -¡milagro!- siguen encandilando a los borregos que votan, cada vez menos. Para estimularlos sirve la propaganda del IFE, de partidos y candidatos: organismos y personas desacreditados que deben hacer lo indecible para legitimarse.

Se iniciará un tiempo crucial, dada la coyuntura social y económica. ¿Qué tan de hondo calado serán las propuestas, que ya no promesas? A ver de qué cuero salen más correas.

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