De un instante a otro, la incertidumbre se ha multiplicado, la volatilidad nos ha arrollado, dejamos de vernos físicamente para vernos en una pantalla, de interactuar cara a cara para hacerlo por whatsapp, por zoom; dejamos de convivir, de salir, de comprar, de viajar. Parte de la realidad se ha detenido temporalmente y parte definitivamente.

Todo lo que parecía normal, cotidiano u ordinario ha dejado de serlo y estamos viviendo una realidad excepcional, extraorinaria, que ningún pronóstico para el 2020 pudo prever o considerar. Podíamos haber imaginado mucho, pero no tanto.

El factor sorpesa, la velocidad a la que el virus salió de China y se esparció exponencialmente alrededor del mundo, ha resultado una prueba de fuego para todos los gobiernos. ¿Cómo es posible que en pleno 2020 un virus sea capaz de sacudir al sistema completo y paralizar al planeta? Presidentes y primeros ministros han seguido anunciando medidas extraordinarias, pensando en cómo enfrentar una realidad tan compleja que resulta de una sacudida global sin precedente.

¿Cómo evitar que colapsen las economías, que las empresas quiebren, que los negocios se hundan y que millones se queden sin trabajo y sin comida? Aún existen muchas preguntas sin respuesta inmediata. El proceso de recuperación será largo y complejo.

Por momentos se han caído los mercados, las bolsas, las monedas; la incertidumbre y la volatilidad se han disparado generando pánico incontenible en muchos casos. El sistema que construimos comenzó a derrumbarse delante de nuestros ojos. Nos equivocamos, nos distrajimos, nos consumimos de más y consumimos el planeta como si no hubiera mañana.

La vida nos ha obligado a hacer una pausa precisamente para que haya un mañana. De seguir al ritmo que íbamos el desenlace podía haber sido descarrilarnos juntos y destruirnos mientras nos acabábamos el planeta. Dios nos regala una oportunidad invaluable. Lo que toca es (RE) surgir juntos para cocrear esos nuevos ecosistemas tan urgentes en nuestro mundo alterado en donde habremos de volver a empezar juntos y donde habremos de caber todos.

Pero aquí no termina todo. En muchos casos sigue una avalancha de cancelaciones. Vuelos cancelados, eventos cancelados, escuelas cerradas, negocios de todos tamaños cerrados; muchos seguimos en casa, estudiando desde casa, trabajando desde casa por tiempo indefinido.

En cuestión de semanas, la incertidumbre se ha apoderado de nuestras vidas como una sombra infinita. Se ha hecho más evidente el canto de los pájaros, el viento soplando y agitando las hojas de los árboles. En muchas ciudades alrededor del mundo, el cielo se ha aclarado y muchas especies han sido más libres.

Mientras sentimos que la angustia nos asfixia, el planeta empieza a respirar de nuevo, a recuperar su propio equlibrio. Toca ser mucho más creativos y más solidarios para darle buena forma a una nueva realidad.

Armando Regil Velasco

Licenciado en Negocios Internacionales

Ágora 2.0

Licenciado en Negocios Internacionales graduado con mención honorífica por el Tec de Monterrey. Estudió Economía y Políticas Públicas en Georgetown University. Cuenta con diversos diplomados de institutos como: la University of International Business and Economics de Beijing.