Es imposible negar la fuerza de una juventud que despierta y busca cualquier medio para hacer valer su voz y defender la libertad. Cuando parecía que la resignación y la apatía describían a una generación aparentemente indiferente ante los ojos de muchos, las protestas de estos últimos días nos recuerdan que es imposible controlar la energía de miles de jóvenes.

Sin menospreciar lo que México ha avanzado ni subestimar lo que aún tenemos pendiente por lograr, es indiscutible que la libertad es una conquista en proceso. Mario Vargas Llosa ha dicho una y otra vez que la libertad es indivisible; la libertad de expresión no se puede separar del resto.

¿Hasta dónde puede y debe expresarse una generación ávida de oportunidades? El deseo de vivir en libertad no encuentra límites. El tiempo electoral resulta oportuno para expresar necesidades, preocupaciones y todo tipo de ideas e ideales. A pesar de ser un detonador importante, las protestas que se expresan en las calles no resultan suficientes para materializar los cambios, tan anunciados por unos y anhelados por otros.

Es importante que los jóvenes nos expresemos y hagamos que nuestra voz se escuche; sin embargo, para lograr una transformación de fondo, las protestas resultan insuficientes si no planteamos propuestas claras, viables y que apunten a resolver las verdaderas causas y no únicamente los efectos de tantos y tan diversos problemas.

El verdadero desafío estará después del 1 de julio. Más allá de quién gane la elección, la gran pregunta es cómo crear un mecanismo de participación efectivo que nos permita encausar la energía de miles de jóvenes. El gobierno tiene que hacer su parte y los ciudadanos no sólo exigir que así sea. El mayor reto es asumir la responsabilidad que cada uno tenemos para comprometernos a hacer lo que realmente está en nuestras manos para transformar nuestro entorno, empezando por nuestro propio metro cuadrado.

Ese mecanismo tiene que ser lo suficientemente ágil para que los jóvenes seamos actores permanentes, interlocutores y corresponsables, no solamente para definir los problemas, sino para generar soluciones que sean creativas y muy prácticas.

No caigamos en la tentación de quedarnos únicamente con las marchas y las protestas. Una vez dado el primer paso tendremos que lograr que ese motor encendido no se detenga jamás. Para que así suceda, tendremos que pasar forzosamente de la protesta a la propuesta.

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