La vinculación con Estados Unidos es natural y muy conveniente para los productores. La relación comercial en productos agroalimentarios entre México y EU está anclada principalmente por factores estructurales: la proximidad geográfica, la diferencia en condiciones agroecológicas así como la vocación de los productores y la disponibilidad de recursos naturales como suelo y agua

Las exportaciones mexicanas han encontrado a Estados Unidos como principal destino, aún antes del Tratado de Libre Comercio, (TLC): a finales de la década de 1930, 80% de las exportaciones mexicanas; en 1990, 80% de las hortalizas.

Sin embargo, como toda dependencia, ésta es muy riesgosa, por lo que es imperativo diversificar mercados de exportación.

Si bien eso no nos aislaría de todas las contingencias originadas por dicho país (las crisis de Estados Unidos tienden a afectar a todo el mundo, como ocurrió en 1930 y en el 2008), sí mitigarían el impacto de políticas locales: cuando dejaron de apoyar al precio del algodón en 1958; cuando establecieron medidas de seguridad después del derribe de las torres gemelas, o las acciones proteccionistas que han solicitado los productores de jitomate y azúcar.

Hay que aprender del éxito que se ha tenido en la exportación a Estados Unidos, el cual se beneficia de un trabajo de muchos años en aduanas, redes de frío, transporte terrestre especializado, certificaciones y comercializadores.

Así, para diversificar mercados de exportación hay que hacer un trabajo similar con otros países, mecanismos de almacenamiento, medios de transporte, certificadores y comercializadores.

En el fortalecimiento del mercado interno, además de que los productores encuentran más rentable vender al extranjero, quienes exportan generalmente señalan que es más sencillo entrar en arreglos con los brókeres norteamericanos que lidiar con las cadenas nacionales de supermercados.

El mercado interno requiere mejorar la claridad en el trato comercial, junto con el desarrollo de almacenes, redes de frío y mecanismos para vincular más directamente al productor con el comprador.

La historia de éxito del sector agroalimentario en la administración del presidente Enrique Peña Nieto todavía tiene un gran potencial.

Existe un gran número de productores con bajísima productividad por carencia de capacitación, insumos adecuados y medios de comercialización; productores comerciales que no adoptan las tecnologías sustentables con el medio ambiente que son más rentables al ser de menor costo, y exportadores que requieren producto que podría provenir de proveedores pequeños, que aporten sus tierras y trabajo.

Estas tareas que teníamos previo a la irrupción del presidente Donald Trump persisten y debemos atenderlas.

*Rafael Gamboa González es el Director General de los Fideicomisos Instituidos en Relación con la Agricultura, FIRA.

rafael.gamboa@fira.gob.mx