El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quiere recuperar los trabajos que han venido a México, generándonos preocupación sobre el efecto en nuestra estructura productiva. Aunque Trump no ha hablado de crear fuentes de trabajo agropecuario en Estados Unidos, el cambio en su política y la que nuestro país adopte en respuesta, pueden afectar al sector

La relación comercial y agropecuaria entre México y EU, difícilmente se afectará por un cambio de política (en el pasado se ha afectado más por políticas nacionales que externas), pero la situación es una oportunidad para emprender acciones que siempre debimos haber hecho, pero que en este momento se vuelven prioritarias: diversificar mercados de exportación, hacer más eficiente el mercado interno y en cada negocio, elevar la productividad y reducir costos.

México registró en el 2016, por segundo año consecutivo un superávit comercial agropecuario, lo cual no se daba desde hace 20 años. En este resultado influyen desde luego factores coyunturales como la depreciación real de nuestra moneda y los bajos precios de los granos, pero subyace una tendencia a incrementar el superávit hortofrutícola con EU desde hace 10 años, pasando de ser casi de 2,000 millones de dólares en el 2002, a casi 10,000 millones en el 2015 (llegando a ser 70% del valor de estas exportaciones). También los cárnicos (bovino y porcino) han incrementado sus exportaciones en años recientes.

Las exportaciones agroalimentarias podrían verse amenazadas dependiendo de la política que adopten los EU. En caso de abandonarse el Tratado de Libre Comercio (TLC), al pertenecer ambos países a la Organización Mundial de Comercio (OMC), aplicarían las tarifas a la nación más favorecida, la que para los productos hortofrutícolas que más exportamos es cero.

Luis de la Calle ha mencionado que las tarifas promedio serían de 6 por ciento. Dichas tarifas no serían irrelevantes para las empresas que se vieran afectadas, pero ciertamente, deben estar preparadas para resistir movimientos cambiarios de magnitudes semejantes para poder exportar.

Si EU adoptaran el denominado Border Adjustment Tax, los bienes que importa (de cualquier país) pagarían 20% (propuesta del republicano Paul Ryan), mientras que las exportaciones no estarían gravadas. Este régimen representaría un riesgo muy relevante para los exportadores. Sin embargo, el impuesto no lo pagan sólo los vendedores, los consumidores estadounidenses también pagan parte del mismo al no poder sustituir por otros productos.

Es poco probable que los productos mexicanos exportados fueran reemplazados, al menos en el corto plazo, por otros, por lo que los estadounidenses terminarían pagando.

El consumidor de EU ha mostrado una clara preferencia por incrementar vegetales y frutas frescas en su dieta. El consumo per cápita de pimientos pasó de dos libras anuales a finales de los 70 a casi 18 libras en el 2015, mientras que el brócoli fresco pasó de menos de una libra a casi siete. Por el lado de la oferta, tampoco parece que la producción de EU pueda reemplazar a los productos más exportados por México: las hortalizas y frutas frescas provenientes de México son 70% de las importaciones de EU de dichos productos, mientras que el ganado en pie tiene aún mayor participación. Además, se abastecen ventanas de tiempo en las que no hay producción en EU. Por ejemplo, en jitomate aportamos más de 50% de la oferta entre diciembre y abril. Hay casos más extremos como el aguacate, papaya y mango, en los que más de 80% de la oferta anual proviene de México y sería extremadamente difícil sustituirla.

*Rafael Gamboa González es el director general de los Fideicomisos Instituidos en Relación con la Agricultura de FIRA.

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