En un mundo cada vez más agitado, es común encontrar en redes sociales muestras de intolerancia y enojo acerca de diferentes aspectos de la vida social. En este contexto de sensibilización y hartazgo por parte de algunos a situaciones de degradación del tejido social, las expresiones de intolerancia, están a la orden del día. Las redes sociales facilitan la vida en muchos aspectos y la complican también. Es como si los vicios y las cosas positivas de la realidad se vieran magnificadas con una lupa a través de las redes sociales. Las redes constituyen una válvula de escape, dan una voz a quienes antes sentían que no la tenían, y ponen en el discurso temas que antes no se discutían.

Se pone de manifiesto una hipersensibilidad a todo lo que se publica. Será el hartazgo de un sistema que nos mostró sus peores defectos a raíz de esta, pero es un hecho que en las redes sociales se suscitan polémicas sobre temas que a la distancia parecerían inocuos. Así, temas que antaño parecían inocentes como lo es la comida, hoy pueden generar las respuestas más viscerales de parte de los usuarios en redes.

Es normal que temas de política y religión causen escozor. Empero, una muestra de la hipersensibilidad radica en cómo temas que antes no generaban polémica, hoy son el pretexto para demostrar intolerancia. Por ejemplo, analizando las respuestas de las personas a algunos sitios con millones de seguidores y videos de recetas, es increíble la cantidad de personas que reaccionan de manera negativa a las recetas, criticando la forma en la que se presentan los ingredientes, la mala destreza con la que se manipulan las tomas de la cámara o la forma en la que se constituyó un platillo. No entramos ni siquiera en polémicas que han existido desde hace tiempo sobre la cocina en torno a la autenticidad de las recetas, a la “receta tradicional” o lo “falso” que podría resultar un platillo si se sustituyen ingredientes. El origen de los platillos también da muestras de expresiones de racismo normalizado de algunos usuarios.

De la misma manera, se han encontrado reacciones negativas a las publicaciones de chefs reconocidos, sobre la situación pandémica mundial en la que sus negocios se han visto afectados. La frustración algunos llega a criticar sus puntos de vista personales en los que podrían solamente estar exponiendo una consideración sobre la mejor forma de consumir un platillo creado por un chef. Lo mismo ocurre cuando se juzga que alguien está haciendo una reapropiación cultural de un platillo de cocina. La reapropiación cultural a los ojos de las redes sociales, es vista siempre bajo una óptica negativa. Se refiere a la manera en la que una persona de un origen diferente a un platillo, intenta prepararlo, probablemente con algunos cambios o intentando reproducirlo aunque no cuente con los mismos ingredientes y técnicas. Lo que se critica en la reapropiación cultural es que no se dé el crédito pertinente al origen del platillo o de la muestra cultural en cuestión. La historia de la cocina es una incesante historia de reapropiaciones.

Probablemente es tiempo de reflexionar hasta qué nivel de intolerancia estamos llegando, en los que un tema como la preparación de alimentos – que antaño podría ser considerado inofensivo- hoy puede levantar reacciones, polémicas y muestras de odio que constituyen un termómetro de lo que estamos viviendo como sociedad.

Liliana Martínez Lomelí

Columnista de alimentación y sociedad

PUNTO Y COMO

Columnista de alimentación y sociedad. Gastronauta, observadora y aficionada a la comida. Es investigadora en sociología de la alimentación, nutricionista. Es presidenta y fundadora de Funalid: Fundación para la Alimentación y el Desarrollo.

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