La caída de los servicios digitales en nuestros días, representa una pequeña catástrofe que va mucho más allá de la incomodidad de muchos que penden la vida social en diversas redes. Allende de lo que el WhatsApp, Facebook, Instagram, Tiktok, Pinterest o Telegram pueden comunicar, están los fallos que por igual interrumpen la actividad económica en una época donde empresas y usuarios dependen como nunca de esos apoyos del ciberespacio para su productividad. Es así que, este pasado 4 de octubre, podría ser recordado como la jornada más dañina en cuanto a la cuantificación económica que representaría cada hora de interrupción en el servicio de las tres redes sociales y mensajería propiedad de Mark Zuckerberg.

La organización independiente Netblocks, había cuantificado en un estudio hace ya algunos meses, que, por cada hora de servicio caído, se perdían poco más de 3,000 millones de pesos. Sin embargo, la ausencia de las redes del pasado día, no tiene igual, por la dimensión y profundidad de lo que habría abarcado. Si tomamos en cuenta los métodos de cuantificación para las pérdidas económicas en un mundo virtual empleadas por Brookings Institution, se tendría que incluir en este ejercicio el PIB conjunto de la totalidad de los países afectados, el tiempo y porcentaje de disrupción y la vinculación económica por accesibilidad informática de los países involucrados en el apagón.

Consideremos que, con la necesidad de acceder a la tecnología y conectividad que ocasionó la pandemia, se estima que el crecimiento de usuarios de las principales redes sociales se incrementó en razón de un 7.3% para 2020 y un aproximado de 8.7% para el 2021. Lo anterior, dibuja un universo de 4,800 millones de usuarios a nivel global, lo que significa un 60% de la población mundial según los estudios de We Are Social y de Hootsuite. Y este breve diagnóstico situacional del uso de redes, nos deja la reflexión que continúa en el aire, la cual tendremos que abordar para su discusión próxima; ¿Qué tanto debe de entreverarse la actividad regulatoria estatal en esta actividad derivada de aquello que ya no solo es una mera herramienta de comunicación social?

Hay que reconocer que las redes sociales, y el internet como un gran universo en general, han trascendido su uso original para convertirse en vehículos y anclas de desarrollo económico, participación ciudadana y activismo e intermediación política. En tal sentido, recuerdo el libro Speech Police, The global struggle to govern the Internet, de David Kaye, donde establece el desafío real de la era digital: ¿cómo abordar los dilemas que plantea el uso del internet para nuestras sociedades y, en particular, cuáles son los elementos en discusión en los llamados a la regulación? Vale este momento para reavivar un análisis útil y atingente. La importancia manifiesta de estos espacios en nuestra sociedad lo amerita. 

Twitter: @gdeloya

Guillermo Deloya Cobián

Analista en temas de política

A media semana

Guillermo Deloya Cobián es oriundo de Puebla, licenciado en derecho, con especialidad en derecho fiscal, maestro en economía y gobierno y doctor en planeación estratégica y políticas de desarrollo. Actualmente cursa la maestría en escritura creativa en la Universidad de Salamanca.

Es articulista y comentarista en diversos medios de comunicación nacionales y locales, ha publicado ocho libros, además de diversos ensayos en temas que van desde lo económico, político y jurídico, hasta una novela histórica ubicada en el siglo XVIII.

Es comentarista y analista en temas de política, economía y jurídicos en ADN40.

Ha desarrollado una constante actividad docente como profesor universitario tanto en Puebla como en la CDMX.

Cuenta con una trayectoria en el sector público de veintiocho años donde ha ocupado cargos en los ámbitos federal y estatal, en la Procuraduría General de Justicia de la Ciudad de México, en la Procuraduría General de la República, en la Secretaría de Hacienda y Crédito Pública, en el Consejo de la Judicatura Federal y el Gobierno del Estado de Puebla, fue Coordinador del Instituto Nacional para el Federalismo y el Desarrollo Municipal, INAFED, de la Secretaría de Gobernación y ha ocupado diversos cargos partidistas.

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