El abuso sexual y la violación fueron largo tiempo temas tabú, ocultos bajo la consigna “de eso no se habla” , como si fueran vergonzantes, para la víctima, no para el agresor. Ese silencio contribuyó y contribuye todavía a normalizar conductas violentas que, aun tipificadas como delito, se pasan por alto. Aunque en años recientes se habla más y se actúa para denunciar esta violencia y exigir su prevención y sanción, dos casos recientes demuestran que en la sociedad y entre las autoridades subsisten complicidades que urge romper.

La semana pasada la youtuber Nath Campos denunció en un video la violación que perpetró contra ella “Rix”, un compañero de trabajo, a quien entonces consideraba su “amigo”. El relato de Campos es impactante no sólo por la traición y abuso de un hombre en quien confiaba y “aprovechó” que ella estaba alcoholizada, sino también por la reacción de otros “amigos” e integrantes de su “management” ante esta agresión.

Abusar del estado de indefensión de una mujer por haber bebido u otras razones es injustificable. El agresor tampoco puede justificarse porque “estaba borracho” y “no se dio cuenta” de lo que hacía. La violación es un acto de dominación y violencia, no un “error”. Provoca daño y trauma a la víctima, aún más grave si quien agrede es una persona cercana.

Lo más llamativo de este relato es la reacción de “amigos” y compañeros de trabajo de Campos, en particular de su agencia. En general, según cuenta, les pareció mal pero no grave o no lo bastante para confrontar al violador, despedirlo, o sugerirle a ella que denunciara. Al parecer, pretendían seguir trabajando todos con él sin problema. ¿A fin de cuentas ambos estaban borrachos? Así, quien tuvo que mantenerse a distancia o renunciar a diversos proyectos  fue ella, lo que le supuso daño psicológico y económico. Sólo una agresión de “Rix” contra la madre de Campos rompió la inercia. Nath denunció a éste con apoyo de una diputada. La agencia DW dejó de trabajar con “Rix”.

En el video en que cuenta su historia, destacan las referencias a la culpa, el miedo, y la falta de valentía. ¿Por qué las mujeres tienen que ser “valientes”? ¿Por qué se les hace sentir culpables de la agresión, en particular de la violación? Campos menciona que asistir a la marcha del 8 de marzo la animó a seguir adelante y denunciar, lo que confirma la importancia de estas movilizaciones y denuncias públicas. Tuvo quien la apoyara para que el MP no la maltratara y revictimizara como a tantas otras y luego, antes de difundir su caso, contó con el apoyo de su familia, lo que no siempre sucede.

Esta historia no es única. Es una nueva llamada de atención a la sociedad, a quienes no se indignan ante una violación, no apoyan a la víctima, no le recomiendan que busque una terapia y, si quiere, denuncie, a quienes mantienen sus relaciones laborales o personales con el agresor como si nada hubiera pasado. Tolerar al perpetrador, callar, “no hacer olas” es hacerse cómplice.

Las complicidades que perpetúan la violencia machista son aún más graves cuando autoridades que deben sancionarla apoyan a los agresores y maltratan a las víctimas. Esto sucede desde 2019 en la Universidad del Istmo en Ixtepec donde, pese a denuncias de estudiantes y colectivas, mantienen sus puestos tres profesores acusados de hostigamiento y abuso sexual; en cambio, una de las docentes que apoyaron a las estudiantes fue despedida en 2020. Hasta ahora, ni las autoridades educativas ni el gobernador de Oaxaca han respondido. ¿Qué esperan la SEP, ANUIES e Inmujeres para intervenir?

Las mujeres han demostrado su capacidad de organización y movilización para exigir un alto a la violencia sexual. Hace falta, sin embargo, que la sociedad entera y las autoridades se hagan cargo de que al tolerar estos delitos son cómplices.

Lucía Melgar

Crítica cultural

Transmutaciones

Es profesora de literatura y género y crítica cultural. Doctora en literatura hispanoamericana por la Universidad de Chicago (1996), con maestría en historia por la misma Universidad (1988) y licenciatura en ciencias sociales (ITAM, 1986).

Lee más de este autor