La relación binacional entre México y EU se encuentra en una situación excepcional, con un intento por parte de nuestro vecino del norte de ejercer presión económica para avanzar la agenda antiinmigrante de Trump. La Casa Blanca ha optado por abandonar el entendimiento que se había construido en la relación bilateral los últimos años, en el cual se enfrentaba cada tema de la agenda binacional por separado. Trump ha establecido que si el gobierno mexicano no termina con el flujo de inmigrantes “ilegales” impondrá un arancel de 5%, que iría creciendo hasta llegar a un máximo de 25%, a todos los productos que México exporta a EU. No es la primera vez que el Estado mexicano atraviesa por una disyuntiva de esta índole, pero si esta medida se concreta se generaría un profundo impacto negativo en ambas economías.

A finales del siglo pasado, a partir del asesinato en 1985, del agente de la DEA Enrique Kiki Camarena, el gobierno de Ronald Reagan decidió iniciar un proceso de certificación a los principales estados productores de drogas respecto de su accionar en el combate al narcotráfico. Este procedimiento establecía que el Ejecutivo debía mandar una lista con los principales países productores de estupefacientes con una calificación respecto a su nivel de cooperación y eficacia contra el trasiego de drogas. Si algún país no acreditaba los estándares necesarios para la certificación, el gobierno de EU suspendería cualquier apoyo económico en el siguiente año fiscal y votaría en contra de cualquier préstamo a dicho país en bancos internacionales.

Esta medida vinculaba el problema de las drogas con la economía, poniendo de manifiesto una relación bilateral asimétrica, en la que mediante la presión económica se podía avanzar una política prohibicionista mucho más agresiva, que procuraba los intereses estadounidenses en el continente. Además, la certificación atentó en contra de la soberanía mexicana y de otros países, debido a que se supeditaba el accionar del Estado en materia de combate al narcotráfico, dada la innegable dependencia de la economía mexicana a los préstamos estadounidenses en un contexto de crisis financiera e inflacionaria.

Sin embargo, México es hoy el principal socio comercial de EU. Las economías y flujos económicos de ambos países están cada vez más interconectados y el congreso en Washington y los grupos económicos pueden presentarse como un contrapeso frente a un presidente en abierta campaña por la reelección. El gobierno encabezado por López Obrador debe estar consciente de las circunstancias y entender que se encuentra frente a un reto mayúsculo. La economía mexicana no está en el mejor momento y las predicciones económicas serias no auguran un panorama favorable. El impacto de una medida de este tipo es tan difícil de predecir como la posibilidad misma de su aplicación.

Hoy por hoy, nadie sabe si Trump cumplirá su amenaza.

Motivado por las elecciones del próximo año, el mandatario estadounidense buscará alimentar la narrativa antiinmigrante que le funcionó en el 2016. No obstante, la dimensión del impacto económico que la medida arancelaria pudiera generar podría hacer que se retracte y se replanteé su aproximación al tema migratorio. Es en el Congreso, las cámaras económicas y de comercio y en los gobernadores estadounidenses donde el gobierno mexicano deberá buscar aliados. Existen razones para creer que México puede sobrellevar esta crisis. Lo que acontezca el 10 de junio reflejará la evolución de la relación bilateral entre México y EU. Evidenciará si el gobierno mexicano fue capaz tanto de entablar canales de diálogo como de formar alianzas con el establishment estadounidense, que permitan la defensa eficaz de los intereses nacionales. También probará hasta qué punto esta dispuesto a llegar Trump para mantener a su electorado satisfecho con su mandato en aras de reelegirse en el 2020.

Por último, se demostrará si México —enclaustrado en una relación asimétrica y con poca disposición al diálogo— es un país que pudo mejorar su posición frente a EU y cuenta con la capacidad de ejercer su soberanía y dignidad nacional.