Algo raro está pasando en México cuando aceptamos que se pueden romper los límites de la ética si se hace con estilo y dentro de los cánones de la mexicanidad, lo que sea que esto signifique; recientemente, líderes de opinión han vertido ríos de tinta, indicando que hubo tiempos, no muy remotos, donde la corrupción era tolerable. Qué tan mal estamos cuando añoramos o ensalzamos viejos episodios de la política mexicana.

Han sugerido que la eticidad de algunos clanes históricos de la política nacional, como lo fue el alemanismo, hacían las cosas mejor que los de ahora, infiriendo que aquella corrupción es mejor que la que hoy padece el país, o que esa camarilla política tenía más talento para robar. Pareciera anecdótico, pero es un lugar común mencionar que uno de los clásicos de la política nacional, el llamado profe Hank González, sí sabía cómo hacer las cosas: él sí salpicaba.

Todavía más llaman la atención las alocuciones a que los criminales han roto las reglas no escritas de la criminalidad, por ello se ha convulsionado el país. Dato anecdótico resulta el culebrón televisivo el señor de los cielos , donde se infiere que los criminales antiguos hacían las cosas de una manera diferente.

Ayer y hoy los límites de la ética son los mismos; abusar del erario público nunca fue ni será aceptable. Hoy resultan normales los grupos empresariales vinculados con políticos y que sus hijos que amasaron fortunas al amparo del poder convivan con los grupos empresariales. La corrupción invade a los políticos de todos los colores, desde los moches del PAN con todo y videoescándalo, hasta los escándalos de los oficiales mayores en el GDF y la Asamblea Legislativa, con sus respectivas filtraciones, y qué decir de la capacidad inmobiliaria de los funcionarios peñistas, incluyendo investigación periodística.

Es verdad que el país atraviesa por una época difícil, factores nacionales e internacionales empañan el futuro de México. Pero no extrañemos viejas épocas ni a personajes del anecdotario de la política mexicana. Hoy se tiene la oportunidad para corregir viejas prácticas y maniatar a los políticos mexicanos. La elección del próximo año es un buen momento para llamar a cuenta a los partidos políticos y a sus dirigentes.

Querido y agudo lector, gracias por sus comentarios e inmerecidas atenciones, no quiero dejar pasar la oportunidad para expresarle mis mejores deseos en esta Nochebuena que se avecina.

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