La desigualdad social en el mundo ha crecido de manera significativa en los últimos 30 años, de la mano de las políticas de liberalización económica, desregulación, desestatización y privatizaciones que, con más o menos énfasis, se han impuesto como política casi universal en distintos países del orbe.

La organización no gubernamental (ONG) mundial Oxfam acaba de dedicar un informe reciente a la desigualdad económica en el mundo y cómo ésta se ha convertido en un asunto de preocupación para los gobiernos y las élites.

Y no es para menos, si revisamos las cifras que aporta Oxfam: La riqueza mundial está dividida en dos: casi la mitad está en manos del 1 por ciento más rico de la población, y la otra mitad se reparte entre el 99 por restante , señala en su reporte Gobernar para las élites: Secuestro democrático y desigualdad económica .

Aún más grave: apenas 85 megamillonarios poseen una riqueza igual a la de la mitad más pobre de la población mundial . Se estima que hay 3,500 millones de pobres en el planeta. Dicho de otro modo: el patrimonio de las personas que cabrían en dos autobuses, es semejante al dinero que poseen 1,750 millones de personas.

Las consecuencias políticas de esta realidad no pueden ser soslayadas. Oxfam estima que las élites económicas están secuestrando el poder político para manipular las reglas del juego económico, lo que socava la democracia y juega a favor de un mundo desigual.

Cuando la riqueza se apropia de la elaboración de las políticas gubernamentales secuestrándolas, las leyes tienden a favorecer a los ricos, incluso a costa de todos los demás. El resultado es la erosión de la gobernanza democrática, la destrucción de la cohesión social y la desaparición de la igualdad de oportunidades , señala el documento de Oxfam, que está lejos de ser considerada una ONG anticapitalista. Pero la realidad empuja hacia una radicalidad, así sea en el lenguaje.

Por ello no es casual que el Foro Económico Mundial de Davos tenga contemplado discutir la desigualdad económica global en su encuentro de este año, que se lleva a cabo en estos días. De hecho su documento sobre los riesgos globales para 2014, considera a la severa desigualdad económica mundial como uno de los diez grandes riesgos para la economía global.

Como se sabe el Foro de Davos, fundado en 1971 y que desde 1987 celebra reuniones anuales con líderes políticos, económicos y mediáticos de todo el mundo, es una de las organizaciones con más influencia en la elaboración de agendas y políticas públicas mundiales. Está constituida por representantes de las mil corporaciones más grandes e influyentes en la economía global. Junto con la desigualdad mundial, los poderosos de Davos están preocupados por la crisis fiscal de países claves, así como en la profunda inestabilidad social y política que ha emergido en el mundo en los años recientes. Lo que no se ve en este informe de Davos es la autocrítica, pues tanto sus integrantes como los políticos que año con año hacen pasarela y cabildeo con los representantes de las grandes empresas mundiales, son corresponsables de la elaboración difusión e imposición de las políticas económicas que justamente han causado la severa desigualdad económica y la profunda crisis social y política que atraviesa al mundo.

Por eso difícil que vaya a prosperar la intención de Oxfam de ir a convencer a la élite que se reúne en Davos de que cambie sus políticas, pues son las mismas políticas que los han vuelto inmensamente ricos en los años recientes, justo en los mismos años que más se ha dificultado el trabajo y la reproducción de la vida a millones de habitantes del planeta. Si ha de haber un cambio en las políticas mundiales, tendrá que venir de otro lado, no del intento de convencer a los foristas de Davos de que cambien de rumbo.

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