En los pasillos de la reunión anual del Foro Económico Mundial (WEF, por su sigla en inglés), que recientemente concluyó en Davos, se mencionaba con mucha insistencia que en el panorama económico del mundo se ven tres riesgos: Europa, el euro y la Unión Europea. El tema bajo el cual se convocó la referida reunión fue La gran transformación: dar forma a nuevos modelos , por lo que resulta interesante analizar lo que se alcanzó al término de la misma y lo que podríamos esperar en nuestro continente, considerando que por ahora el problema parece ser eminentemente europeo.

DAVOS

Es importante mencionar que en el escenario bajo el cual se trabajó en dicha reunión pesaban los cinco años consecutivos en los cuales las principales economías han estado sumidas en la recesión. Por ello, los líderes reunidos en Davos manifestaron su preocupación por los desequilibrios geopolíticos. El Tercer Índice de Confianza Global publicado previamente por el WEF -elaborado a partir de 345 encuestas aplicadas a empresas, gobiernos y organizaciones- mostró que 54% de los encuestados manifestaba que ha aumentado el riesgo de que se presente un problema geopolítico.

Una de las conclusiones de su diagnóstico se centra en que los desequilibrios económicos y las desigualdades sociales pueden quebrantar los avances de la globalización, destacando tres elementos: la creciente brecha entre ricos y pobres; la fragilidad de los mecanismos de protección ante la globalización económica, y el uso intensivo de la conectividad que permite el contagio instantáneo de los riesgos económicos, políticos y sociales.

La reunión de Davos, aunque destacó los riesgos y planteó la necesidad de una transformación del sistema capitalista, finalmente no aportó los elementos para conformar un nuevo modelo de economía. Parece ser que ahora esos objetivos serán tema fundamental en la reunión del G-20 que se llevará a cabo en México.

LATINOAMÉRICA

Pero, ¿qué tan preparados estamos y como nos encontramos en Latinoamérica para enfrentar esos riesgos globales? Recordemos que en las reuniones de Davos de hace poco más de 10 años los expertos, sobre todo europeos, nos recomendaban lo que teníamos que hacer para salir de las crisis derivadas del excesivo endeudamiento y de la falta de disciplina en el gasto gubernamental. Adicionalmente, se atrevían a regañarnos y establecían exageradas condiciones para volver a prestarnos con la finalidad de que purgáramos nuestros pecados.

En el caso de México, como todos sabemos, nuestra economía se encuentra comercialmente ligada a la de Estados Unidos, en tanto que para la mayoría de las naciones sudamericanas, sobre todo Brasil y Chile, gran parte de su comercio es con Asia y especialmente China, o bien es intrarregional, lo cual les ha permitido salir bien librados de la crisis en Europa.

En términos de comercio exterior, las naciones latinoamericanas que son exportadoras de minerales, así como de alimentos, también se han visto beneficiadas por el incremento de los correspondientes precios internacionales. De igual manera, en el caso de las que son exportadoras de petróleo, en donde en promedio los diferentes tipos del mismo se sitúan por arriba de los 100 dólares por barril.

Adicionalmente, en la última década las naciones latinoamericanas se han esforzado por tener políticas económicas responsables, que les han permitido evitar caer nuevamente en crisis económicas, destacando también el combate a la inflación.

Sin lugar a dudas que una de las grandes tareas pendientes en Latinoamérica es el combate a las grandes desigualdades sociales, sobre todo la falta de empleo y la carencia de un futuro promisorio para la juventud. Sabemos que en este escenario el continente se encuentra muy expuesto a movimientos que son conductores fáciles del nacionalismo, proteccionismo y populismo.

Para muestra de algunos casos recordemos los recientes disturbios en Chile por inconformidades sociales. El proteccionismo brasileño ante las crecientes exportaciones de la industria automotriz mexicana, sin faltar los populismos en Venezuela, Bolivia, Ecuador y Nicaragua.

Sin embargo, es un continente que sigue avanzando. Crecemos a tasas de 4% en promedio anual. Brasil se ha consolidado como la sexta economía mundial. México sigue creciendo aunque no lo suficiente, a pesar del aletargamiento de su vecino del norte. En general, los latinoamericanos no vamos a la misma velocidad que los asiáticos. Tal vez por ello, ahora más que nunca, se hace necesaria e indispensable la unidad latinoamericana.

Finalmente sería conveniente, en lugar de que en los medios de comunicación del mundo desarrollado se destaque el fracaso de las políticas antidrogas en el continente, justo y necesario que también se resaltara que en materia económica hemos avanzado considerablemente y que sobre todo Latinoamérica mantiene su optimismo.

*José C. Femat es economista con posgrado en Historia y Desarrollo Económicos.

**Rodolfo Salazar es economista con posgrado en Administración y Finanzas.

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