Que estemos acostumbrados a vivir en la tormenta no significa que las cosas estén mejor. No lo suficiente como para hacer del encuentro de Davos uno donde se cante victoria del final de la crisis.

Claro que si algo quisieran los organizadores del encuentro anual del Foro Económico Mundial (WEF) es que ahí se pudiera decretar el final de las siete plagas financieras; quizá a eso se debe el tono optimista de su planteamiento inicial de estar comprometidos con mejorar el estado del planeta.

Pero no. Todavía es muy pronto para dejar atrás una de las épocas más difíciles de los últimos tiempos. Hay conatos de incendio y explosión financieras por todos lados.

Los europeos pueden aprovechar la oportunidad de tener el Foro Económico Mundial de Davos para ellos solitos y de ahí sacar buenas ideas para tratar de dejar atrás todos estos años de enormes dificultades.

No estarán en esa población suiza de tan difícil acceso ni el Presidente de Estados Unidos ni el Mandatario chino. No por algún desaire a la cumbre; simplemente, están iniciando sus gobiernos y prefieren atender asuntos internos. Misma motivación que hace que Enrique Peña Nieto no haya viajado al encuentro.

Además, Barack Obama no se expondría por ahora a un foro del tamaño del World Economic Forum para que lo regañen por no poder corregir con instrumentos políticos los riesgos financieros de su país y con ellos, todo el mundo.

De cualquier forma, aunque no estén presentes los funcionarios principales del gobierno de Washington, sus representantes habrán de escuchar el enojo mundial por este tan lamentable capítulo de no encontrar una salida sana a sus problemas fiscales.

Los griegos, españoles..., en fin, todos los europeos junto con los organismos mundiales podrán reclamar a Estados Unidos cómo es posible que, teniendo los recursos, el impulso económico y el tamaño suficientes para salir delante de sus problemas fiscales, no tenga la capacidad política para arreglarlo.

Si fueran las cuentas internas de Venezuela o Argentina, pues allá ellos y sus trampas para esconder sus respectivas crisis. Pero se trata de la economía que rige el destino financiero del planeta.

De Davos no saldrán decisiones, sí críticas a Estados Unidos. Y los europeos tendrán tiempo de escuchar opiniones respecto de su situación.

En cuanto a la participación de México, ésta servirá para placear a un personaje que es de gran peso político al interior del país, pero que necesita más exposición internacional.

Así, Agustín Carstens, gobernador del Banco de México, viejo lobo de mar en esas cumbres mundiales, habrá de presentar con muchos de sus cuates a Luis Videgaray, secretario de Hacienda. Porque conoce a varios, pero no es lo mismo presentarse como titular de las finanzas de un país que promete ponerse de moda otra vez.

Habrá una treintena de mexicanos y creo que el que más llamará la atención será Felipe Calderón, quien llega a Davos sin el peso de la banda presidencial a cuestas.

La primera piedra

Es ocioso y hasta malintencionado buscarle tres pies al gato en el Banco de México y acusarlo de violar la Constitución y de arriesgar su credibilidad.

Eso podrá vender periódicos y las cosas de quien vienen, pero minar a una institución en su principal activo, que es la credibilidad, es una actitud que habíamos visto en los sectores radicales de la izquierda... Al parecer, los extremos tienden a juntarse.

Valdría la pena que le echaran otra leída al anuncio de política monetaria del viernes pasado para que entiendan que lo que más enfatiza el banco central es el cumplimiento de su mandato principal.

Éste es el último párrafo del comunicado, para que no se tomen la molestia de buscarlo:

Considerando la disminución en las presiones inflacionarias en el país, que la tendencia a la baja en la inflación general y subyacente parece estarse confirmando sustentada en fundamentos sanos y que no se han presentado nuevos choques, la Junta de Gobierno ha decidido en esta ocasión mantener el objetivo para la Tasa de Interés Interbancaria a un día en 4.5 por ciento. Más aún, de consolidarse el entorno descrito, podría ser aconsejable una reducción del objetivo de la Tasa de Interés Interbancaria a un día para facilitar el ajuste de la economía a una situación de menor crecimiento económico y menor inflación. En todo caso, la Junta vigilará la evolución de todos los factores que podrían afectar a la inflación, con el fin de estar en condiciones de alcanzar el objetivo permanente de 3 por ciento .

Sólo les faltó calificar de espurio al banco central para, entonces sí, saber quién los inspira.

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