El gurú del análisis político, Ian Bremmer, tiene razón cuando nos pide entender que la crisis económica es también una crisis política y social.

Las élites son vulnerables, mucho más que nunca, dice Ian Bremmer, uno de los grandes gurús del análisis político. Vemos líderes de todas las características que no tienen respuestas para una sociedad que cada vez está más insatisfecha y mejor informada .

Cuando Bremmer dice líderes no sólo se refiere a los políticos. La falta de respuestas convincentes incluye a los líderes del mundo de los negocios, a los líderes sociales y a los líderes de opinión en los medios de comunicación.

La vulnerabilidad de las élites es uno de los principales riesgos en el mundo, sostiene Bremmer, que asiste a Davos y además publica cotidianamente en su blog. En momentos en que se necesitan grandes líderes para reducir la incertidumbre política, social y económica éstos no aparecen. Ni en los países desarrollados ni en los que están en vías de desarrollo.

Las élites están preocupadas por ofrecer respuestas de corto plazo a una sociedad que ha perdido la paciencia y, en cierto sentido, la fe en el largo plazo. Los líderes tienen problemas para entender su papel, dice Bremmer, para ganar legitimidad (o popularidad) están concentrados en ofrecer soluciones rápidas o superficiales, quick fix, a problemas que requieren una perspectiva de largo plazo y a profundidad. ¿Cuál es el problema con esto? Esta distorsión puede desestabilizar las instituciones que estas élites representan . Estamos hablando de instituciones políticas, negocios y medios de comunicación.

Ian Bremmer tiene razón cuando nos pide entender que la crisis económica es también una crisis política y social. La medicina que puede curar el sistema financiero podría matar su cuerpo social y hundir a la clase política en un descrédito que abrirá la puerta a soluciones extremas. Eso está pasando en España y Grecia.

Lo que distingue el momento presente de otros periodos es que las crisis están ocurriendo con mayor frecuencia y a escalas cada vez mayores, en un mundo crecientemente interconectado , dice Judith Rodin, presidenta de la Fundación Rockefeller.

Las consecuencias de esta interconexión global han generado enormes retos para las élites. Ya no es posible contener una crisis en un área del mundo ni confinarla a las fronteras que definen los bloques económicos o políticos. No hay forma de que un país al que le va relativamente bien se desentienda de los problemas que afectan a otros países , dice Arianna Huffington. El crecimiento ha dejado de ser algo que ocurre en automático y depende de nuestra habilidad de responder a las crisis , dice la famosa bloggera.

Esperamos de los líderes que reduzcan la pobreza; que corrijan los problemas estructurales de las finanzas públicas; que mejoren los términos del comercio global; que dejen de simular soluciones al desorden climático, y que combatan efectivamente la influencia de los monopolios.

Todavía no encuentran las respuestas. El mundo es un laboratorio lleno de conejillos de indias que no se curan.

Se necesitan grandes ideas y capacidad excepcional para ejecutarlas. No abundan. Se requieren hombres y mujeres excepcionales para conducir el cambio de época. En vez de ello, tenemos líderes de tamaño estándar. Hombres y mujeres que están convencidos de que no hay posibilidades de encontrar soluciones novedosas. Seguros de que su tarea es administrar esta nueva normalidad. We can’t get no satisfaction.

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