Los debates entre candidatos a las gubernaturas están subvaluados. Y como son pobremente difundidos, suele pensarse que inciden marginalmente en los votantes.

Hay, sin embargo, flamantes muestras de los cambios drásticos que provocan. Allí está la participación del panista Fernando Elizondo en los comicios para renovar la gubernatura de Nuevo León en el 2006. En ese encuentro televisivo quedó sellada la suerte del exsecretario de Energía, quien lució avejentado y difuso ante el joven Rodrigo Medina.

En las campañas en curso, también se advierten sus efectos. En Sinaloa, el candidato de la alianza opositora, Mario López Valdés, derrotó al priísta Jesús Vizcarra en el terreno de las descalificaciones y revivió la esperanza entre sus seguidores, después de mostrar aplomo y viveza ante un rival vacilante y acartonado. En Zacatecas, el pasado viernes 4, se registró uno de los debates más intensos en las épocas recientes. Si el Instituto Electoral hubiera cumplido con su tarea y se hubiera transmitido por televisión abierta, sin duda habría cambiado drásticamente las tendencias. Aun así, quedó constancia del doloroso revés sufrido por Miguel Alonso Reyes, el puntero en la contienda, luego de que el panista Cuauhtémoc Calderón -asesorado por el consultor español Antonio Solá- lo responsabilizara públicamente de haber ocasionado un daño patrimonial por más de 18 millones de pesos al ayuntamiento de Zacatecas.

Por insolvencia o apatía, Alonso Reyes no quiso rebatir lo que ahora pinta para un escándalo: en sus primeros meses como alcalde autorizó la venta de una zona clasificada como área de conservación en un precio ridículo -400 pesos por metro cuadrado- cuando se cotizan en 10 veces más. Se trata de unos terrenos aledaños al conjunto residencial Bonaterra, uno de los más exclusivos de la capital zacatecana, en el que, además del candidato priísta, radican Susana Monreal Ávila -hermana de Ricardo, exmandatario estatal, y de David, candidato del PT a la gubernatura– y otros exfuncionarios monrealistas.

El priísta tenía la difícil misión de demostrar en el debate que es más que un rostro amable o un bebesaurio incapaz de romper el cordón umbilical que lo ata con el monrealismo, que es como los ven los electores de aquella entidad. No pudo. Y ahora enfrentará más ataques, pues hay modo de comprobar que es propietario de un predio de 1,500 metros cuadrados, donde se construyó un salón de fiestas y un pequeño centro comercial. El candidato petista, David Monreal, tuvo intervalos brillantez, pero excedió los límites de tiempo casi en todas sus intervenciones y cayó en involuntarias contradicciones, como cuando aludió indirectamente a su hermano Ricardo y habló de los malos gobiernos que han sumido a Zacatecas en la pobreza y la marginación.

Al final, también con un desempeño por arriba del promedio, terminó ganando el perredista Antonio Mejía Haro, quien pudo convertir lo que algunos consideran defectos –lucir mayor que sus contendientes, no retratar tan bien ante la cámara– en virtudes y rompió públicamente cualquier nexo que tuviera con la gobernadora Amalia García (protagonista indirecta del debate).

No me voy a dejar secuestrar por nadie , prometió, ni burbuja de aduladores. Ni canonjías a los partidos .

En Aguascalientes, en cambio, al puntero, Carlos Lozano de la Torre, de nada le valió tener a consultores políticos extranjeros en su cuarto de guerra . La ganadora indiscutible del debate, efectuado el jueves 3, fue la perredista Nora Ruvalcaba. Más alta que el resto de los contendientes, vestida con un traje rosa mexicano, la candidata se lució, vendiendo la utopía de una administración austera, efectiva, justa y transparente, pero sobre todo con la promesa de gobernar alejada de corrupción o tráfico de influencias. Con habilidad y decoro, la perredista dejó que otros fueran los que hicieran la guerra sucia.

Tampoco es que tuviera de otra el panista Martín Orozco –evidente segundo lugar, según las encuestas– quien trató de levantar exhibiendo una lista de 15 propiedades a nombre del priísta Lozano de la Torre, famoso porque nunca ha hecho pública su declaración patrimonial en más de tres décadas de carrera en la administración pública.

Vetusto, sin presteza siquiera para improvisar, el priísta perdió un par de puntos, justo lo que había calculado su entrenador , el consultor venezolano Mauricio de Vengoechea. Pero como su ventaja es amplia –más de 15 puntos– y cuenta con una excelente mancuerna con la candidata a la alcaldía de la capital, Lorena Martínez, ni se acongoja. Mejor hubiera hecho como su homólogo veracruzano, Javier Duarte de Ochoa, quien ceñido a las recomendaciones de sus estrategas no se expuso a improperios o descalificaciones. Según la más reciente encuesta de Consulta Mitofsky, el PRI tiene 44.5% de las preferencias electorales, justo el doble que su principal adversario, el panista Miguel Ángel Yunes.

Otros abanderados priístas, como el oaxaqueño Eviel Magaña o el duranguense Jorge Herrera, también eludirán a los debates y así sortear polémicas dañinas. Sin embargo, candidatos como Javier López Zavala, de Puebla, o Mariano González Zarur, de Tlaxcala, los necesitan para ganar.