El desarrollo de la producción del tomate a través del mejoramiento de paquetes tecnológicos e infraestructura permite elevar la productividad con las variedades actuales.

Ejemplo de lo anterior es el incremento en la rentabilidad por hectárea que se ha logrado en la producción de jitomate en México. A partir del 2000 y hasta el 2010 se ha reducido la superficie cosechada en cerca de 30 por ciento. Sin embargo, se incrementó la productividad a 56.0% a través de la implementación de tecnologías de riego y cultivos protegidos.

Es importante destacar que, con relación al 2006, se ha reducido la superficie cosechada tanto en riego como de temporal, en 29.5 y 10.0%, respectivamente. En este periodo, las superficie cultivada en invernadero elevó su productividad por hectárea 29.5%, mientas que en siembras de temporal se ha mantenido relativamente estable con un rendimiento promedio de 21.5 toneladas por hectárea.

Por su parte, los principales estados productores de tomate rojo en durante el año agrícola 2010 fueron Sinaloa, Baja California, Zacatecas, Jalisco, Michoacán y Baja California Sur, con 63.8% de la producción nacional. Resalta el hecho de que todos estos estados producen la mayor parte del tomate bajo tecnología de riego.

Con 83.6% de la superficie cosechada en el 2010, la producción de tomate en riego representó 92% del tomate nacional, como resultado de un rendimiento 122.6% superior en áreas de riego respecto de las áreas de temporal. Esta mayor productividad se relaciona con mayores inversiones para proteger los cultivos en áreas de riego, como son malla sombra e invernaderos, con lo que se logra incrementar el período productivo y por lo tanto ampliar el volumen de la cosecha.

Al respecto, resulta relevante citar el caso de la transición hacia la tecnificación que se da en la variedad de tomate rojo saladette, el cual ha tenido una reducción en las cosechas a cielo abierto de 16.5% entre el 2007 al 2010, a la vez que éstas, en invernadero, se incrementaron en 57.8%, en el mismo periodo.

En conclusión, a través de una estrategia coordinada y técnicamente supervisada, se podría lograr el mejoramiento del rendimiento de la producción de jitomate rojo en México, intervención que requeriría inversiones en tecnificación del campo. Esto permitiría conservar las características actuales del cultivo, además de transitar en un futuro hacia cosechas orgánicas que son altamente valoradas en mercados internacionales.

*Luis Daniel Núñez Guzmán es especialista de la Subdirección de Diseño de Programas en FIRA. La opinión es responsabilidad del autor y no necesariamente coincide con el punto de vista oficial de FIRA. dnunez@fira.gob.mx