En un escenario adverso la deuda de México está a un escalón de regresar a niveles de papeles de riesgo.

La firma calificadora Standard and Poor’s (S&P) tiene que pagar las consecuencias de otorgar buenas notas a los bonos hipotecarios basura que explican la gran recesión de hace siete años. Fue multada por 1,400 millones de dólares por recomendar lo impresentable.

Es la justicia a secas para una firma que está probado judicialmente que cometió una falta, pero que también se atrevió a degradar la calificación perfecta de la economía más grande del mundo.

No pudo haber sido de otra manera, Estados Unidos tenía un serio problema de desequilibrios fiscales y su clase política se mostraba incapaz de lograr los acuerdos que permitieran corregir sus déficits. Existía la amenaza incluso de suspensión de pagos.

La degradación pegó mucho en el ánimo de Washington, quizá un poco más que en los humores de Wall Street. Porque siempre será un anhelo tener una buena recomendación de las firmas que se dedican a calificar la solvencia de diferentes entidades públicas y privadas.

Muchos manejadores de fondos de inversión se rigen por esas calificaciones y dejan de lado su conocimiento o corazonadas respecto de determinados mercados, por eso más que ego es un valor indispensable el procurar y mantener la estrellita en la frente.

Los recortes al gasto público que ahora ha anunciado el gobierno federal tienen, efectivamente, un carácter preventivo si lo vemos desde la perspectiva de mantener la cara financiera limpia hacia el exterior.

El gobierno mexicano soñaba a inicios del sexenio con un aumento en la calificación crediticia producto del enorme impacto positivo que tendrían las reformas estructurales. Las reformas ahí están, pero la economía y las finanzas se han movido por otros caminos.

Y si bien hoy no hay amenaza con la calificación, hay que evitar al máximo ponerse en la mira de las tres principales firmas que a esto se dedican: Standard and Poor’s, Fitch Ratings y Moody’s.

La deuda mexicana está calificada en la cola del león del grado de inversión. En una perspectiva optimista, tiene todo el camino por delante hasta llegar a los niveles perfectos que tiene Alemania. Pero en un escenario adverso la deuda de este país está a un escalón de regresar a niveles de papeles de riesgo.

Y eso no es un riesgo menor cuando estamos muy cerca de usar esas calificaciones en el momento en que inicie el proceso de alza de las tasas de interés en Estados Unidos. Ese día habrá un vuelo a la calidad y cuando el nido estadounidense esté lleno, sólo se ocuparán los mercados que tengan esa membresía de mercados recomendados.

Ése es un riesgo que no se podía correr, por eso es que la disciplina fiscal es como mantener el peso corporal correcto y de esa manera evitar la hipertensión de la degradación crediticia.

Está probado que las firmas calificadoras no quieren riesgos, menos aun cuando tienen que pagar miles de millones de dólares por laxos. Así que también aplicarán el análisis a secas a economías emergentes como la mexicana si fallan en sus metas de salud financiera.