El huevo de la serpiente está en el déficit del ?primer mes del regreso del priísmo a Los Pinos.

Una de las mejores cartas de presentación de la economía mexicana es el manejo responsable de sus finanzas. Una enseñanza dolorosa de este país tras la crisis de mediados de los 90.

Si algo es imposible regatearle a los dos gobiernos panistas es su acertado manejo financiero. Podremos reclamar la mediocridad del crecimiento económico, pero no la estabilidad de precios y de las cuentas públicas.

De esa misma forma hay que reconocer los esfuerzos del gobierno del expresidente priísta Ernesto Zedillo que, con un elevado costo político, logró una sorprendente corrección fiscal, después del desorden heredado por la administración de Carlos Salinas de Gortari.

Uno de los más grandes aplausos logrados por Enrique Peña Nieto entre los participantes de los mercados financieros fue cuando prometió en su discurso inaugural un déficit cero para este año.

Lo que el Presidente prometió es algo que de hecho está incluido en una ley de responsabilidad financiera que obliga al equilibrio en tiempos de vacas gordas y que permite cierto déficit cuando la economía se contrae.

Ese mensaje, más el hecho de colocar al brazo derecho a atender los temas de la hacienda pública, daban total tranquilidad sobre el comportamiento priísta en este regreso a la Presidencia.

Y es que es un hecho que uno de los grandes temores del regreso tricolor a Los Pinos es que se revivan aquellos viejos episodios de irresponsabilidad económico-financiera practicada desde Echeverría hasta Salinas y que tan caro nos han costado a todos los que hemos vivido en este México desde entonces.

Sabíamos que las promesas de reformas estructurales serían difíciles de cumplir, porque los que tienen deseo de ver la realidad pueden evidenciar a los grupos políticos que se cuelgan de esos temas para sobrevivir políticamente.

Porque hasta ahora el guión se ha cumplido al pie de la letra: el Ejecutivo hablando de reformas, el Congreso denostando las propuestas que todavía no llegan y los peores vividores de la política preparando sus partidos políticos para seguir persiguiendo el poder.

Pero hablando de señales, hay una que pasó desapercibida y que vale la pena dejarla ahí como un dato a seguir.

En diciembre pasado, durante el primer mes de esta administración, las finanzas públicas registraron un déficit de 199,161 millones de pesos.

El espanto no viene del resultado final del año, pues 2.6% de déficit fiscal anual está en línea con lo permitido para el 2012.

El verdadero huevo de la serpiente está en el déficit del primer mes del regreso del priísmo a Los Pinos, pues es 37% mayor en términos reales que el dato registrado en diciembre del 2011.

¿Qué nos dice este dato en cuanto a la estabilidad financiera del país? ¡Nada, absolutamente nada! Simplemente, que valdría la pena saber qué sucedió entre los ingresos y los gastos del último mes del año que se dio este dato tan escandaloso.

Es muy difícil que una vez que este país ha gozado de las grandes ventajas que da la estabilidad, ésta se pueda arriesgar en aras de propiciar un crecimiento artificial. Es un hecho que este PRI aprendió de aquel PRI que tan caro nos costó a todos.

Al contrario, lo que se promete con la promoción de las reformas en materia económica y hasta jurídica es dar mejores bases a la economía para que el pago de impuestos sea el cimiento económico y dejar que el petróleo, con toda su volatilidad, sea una verdadera fortuna económica para este país.

La primera piedra

En México lo sabemos. Viajar a Acapulco es arriesgar la vida, lo mismo en la carretera que en la costera, o en algún restaurante o antro. Y ahora también dentro de los hoteles.

Acapulco es un municipio quebrado, un puerto controlado por el crimen, con autoridades tan poco valiosas que dicen que la violación de seis mujeres es algo que pasa en todo el mundo.

Para nosotros, con todo el dolor de enterarnos que esas mujeres extranjeras fueron ultrajadas, no hay sorpresa.

Pero hoy el mundo tiene evidencias, otra vez, de que viajar a México es peligroso. Las notas en los diarios del mundo hablan de Acapulco como el mexican resort. O sea, la marca México otra vez vulnerada por un hecho violento.

Independientemente de que el Ejército y la Marina deberían intervenir en la seguridad pública y marginar a tan ineptos gobernantes locales, hay que reconsiderar la marca México como la manera de promocionar turísticamente a este país.

Hoy Los Cabos, Cancún, Puerto Vallarta y demás tienen que pagar las consecuencias de lo que sucede en el puerto fallido de Acapulco.

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