Durante los primeros cinco meses de éste año, la economía mexicana demostró que los resortes de la exportación siguen siendo su sostén.

Reaccionaron positivamente ante la demanda incrementada de EUA básicamente productos manufacturados y dentro de ellos, la industria automotriz. Esta es una buena noticia, sobre todo ante la frecuente fracasomanía que nos abruma.

La mala noticia es que para el segundo semestre la economía norteamericana se desacelera, porque se está privilegiando la reducción al déficit fiscal, mismo que se tuvo que elevar para salir de la crisis. Esto significa que el crecimiento económico estimado para México de 4% puede cambiar por uno menor.

El sector agropecuario y el de servicios están deprimidos y no son hilos conductores del crecimiento económico mexicano.

Esta situación lleva a considerar que es necesario crear nuevos motores de crecimiento de la economía mexicana, uno es el estímulo que crea en toda la economía las inversiones en obra pública. Otra es desplegar una nueva política industrial estratégica favorable a la exportación y al empleo.

El fantasma de la austeridad sin crecimiento económico es amenazante.

La preocupación de Estados Unidos con las probables nuevas tendencias es que se repita en ellos la experiencia de Japón, atrapado por un período prolongado de desempleo y bajo crecimiento. Este pesimismo en parte es un reflejo de lo que sucede en Europa que esté imponiéndose un esquema de austeridad. Ya se ha fijado en la zona euro un déficit fiscal no mayor del 3% del PIB y una deuda con un tope de 60% igualmente en relación al PIB.

El temor tanto de EUA como de Europa es caer en la deflación, que es depresión económica. La gente no gasta, lo que conduce a que la economía se estanque, lo que perpetúa u ciclo de más deflación. La Administración Obama difícilmente puede acudir a planes de estímulo adicionales porque no tendría posibilidades de aprobación en el Congreso. Los ciudadanos-contribuyentes tuvieron que salir fiadores del fracaso del sistema financiero, causa de la crisis mundial.

Estamos viviendo en un mundo de inestabilidad y de incertidumbre, en donde gobierna una generación normativamente desarmada ante una sociedad compleja, a la que solo le impone recetas cortoplacistas. Esto alimenta el populismo, tan aniquilante como regresivo. Dice Umberto Eco: "La Italia de Berlusconi anuncia situaciones análogas en muchos otros países europeos, donde la democracia entra en crisis, el poder acaba en las manos de quién controla los medios de comunicación". Diríamos, una forma de peronismo europeo.