Técnicamente, el Banco de México está cumpliendo con su expectativa inflacionaria de tener un aumento del índice general de un 3%, más - menos 1 punto porcentual.

Con una mirada un poco más incisiva, lo que vemos es un aumento acelerado de los precios durante los últimos meses.

Pero si se suma el factor más preocupante de la inflación, que es el impacto en las personas, lo que hay es un preocupante aumento de los precios de los alimentos que duplica la medición general.

El incremento del Índice Nacional de Precios al Consumidor durante los primeros 15 días de este mes de enero fue superior a la expectativa del mercado.

El 3.94 por en que se ubicó la inflación anualizada hasta el pasado 15 de enero es superior a 3.88% que esperaban los analistas.

Y hay divergencias en la visión de lo que podría estar por venir durante los próximos meses en materia inflacionaria.

Hay quien espera que haya un primer trimestre con presiones en los precios, pero que para abril se pueda notar una baja en las presiones, con inflaciones negativas hacia el inicio de la temporada de calores por el efecto de la baja en las tarifas eléctricas y que de esa manera se modere la inflación el resto del año.

Sin embargo, hay otros analistas que estiman que éste puede ser el camino de una tendencia alcista de los precios que podría implicar presiones futuras en las mediciones del INEGI y en las consideraciones del Banco de México.

Es cierto que el incremento de los precios se aceleró desde el último trimestre del año pasado, al pasar la inflación anualizada de 3 a 4% actual.

No obstante, también hay un componente cíclico en los aumentos del cierre del año y la primera parte del 2012.

Pero hay quien ve presiones en los precios de aquí en adelante, porque hay factores que pueden hacer que otra vez la medición general supere lo que se supone que tolera el banco central.

Pero eso es lo relativo a la medición general y a las metas que sirven de referencia para presupuestos y negociaciones salariales.

Porque no faltará quien nos diga desde una posición de gobierno que 3.94% de inflación hasta la primera quincena de enero es una proporción inferior a las negociaciones salariales para este año que superaron 4 por ciento.

Pero es ahí donde entra la verdadera nota de la información inflacionaria de la pasada quincena. Y es que los precios de los alimentos se incrementaron en su medición anual 7.1%, esto implica el doble de la inflación general y también el doble de la mayoría de las negociaciones contractuales para este año.

Tan sólo el precio de las tortillas durante la primera quincena del año subió más de 2.5% en promedio en el país, el tomate verde, que es tan variable en su precio, se apuntó un aumento de más de 30% y el pollo casi 3 por ciento.

Los precios de los productos agropecuarios están presionados por las condiciones climatológicas que explican aumentos o justifican que los productores suban sus precios.

Porque también es un hecho que, por ejemplo, los tortilleros evidentemente se ponen de acuerdo para subir sus precios al mismo tiempo, sin importarles que haya una autoridad que debe cuidar la libre competencia.

Posiblemente los ven muy ocupados en los temas de las telecomunicaciones y se aprovechan.

El tema es el precio de la comida, porque eso pega muy duro en el bolsillo de los ciudadanos y golpea con mucho más intensidad en el ánimo de los votantes.

Sólo porque ahora se proclama la república amorosa porque, si no, estarían esos grupos de choque con la posibilidad de revivir aquella vieja bandera del tortillazo. Y podrían sacar a las calles no sólo a los campesinos que acarrearon en estos días hasta Gobernación, sino que podrían sacar una marcha de cacerolas a las calles para hacer ruido de aquí al 1 de julio.

Lo cierto es que la comida está cara y subiendo de precio y eso merece la atención inmediata para compensar con un aumento en los cupos de importación o con cualquier medida que mitigue el efecto, no en la medición macroeconómica, sino en los presupuestos familiares.