Si bien la pandemia de Covid- 19 nos ha afectado a todos, es un hecho que las maneras de percibir las afectaciones y la manera de vivirlas se diferencia en función de diferentes factores. En otras ocasiones en este mismo espacio hemos visto cómo la pandemia se ha vivido diferenciadamente en función del nivel socioeconómico.

De la misma manera, la edad de las personas ha sido uno de los factores clave para entender las vivencias alrededor del confinamiento. En temas de alimentación, sin duda, los grupos etáreos significan un acercamiento diferenciado a situaciones de la vida cotidiana.

Por ejemplo, los grupos de personas de la tercera edad que hacían las compras de los alimentos en comercios locales de proximidad, se han visto en la necesidad de aprender de tecnología para poder usar los teléfonos móviles o las aplicaciones para solicitar entregas a distancia. De la misma manera, el hecho de no poder ir a escoger los alimentos frescos de la manera en que cada persona de la tercera edad los prefiere, constituye un desafío importante en las adaptaciones que han tenido que vivir.

Para los niños, el confinamiento ha significado una adaptación en los tiempos de comida. El establecimiento fijo de horas para comer ha sido modificado en diferentes tiempos del confinamiento, debido esencialmente a que muchas de las regulaciones de los tiempos de comida de los niños responden a los horarios escolares y de sus actividades vespertinas. El confinamiento y la nueva modalidad de cursos en línea, ha significado un reto para establecer las horas de comida de manera fija y controlada, además de que los padres que trabajan y no tienen ayuda doméstica, luchan por sacar adelante las obligaciones laborales y el aprovechamiento escolar de sus hijos. Aunque el reto para los niños no está en el hecho de manipular los equipos, el reto para ellos se ha vuelto cognitivo, porque la capacidad de concentración se pone a prueba durante sus clases en línea.

Por último, en la generación de jóvenes adultos, existen dos tendencias curiosamente contradictorias. La primera de ella se manifestó al inicio de la pandemia cuando muchos jóvenes adultos se quejaban de la manera en la que batallaban por hacer que sus padres, generalmente pertenecientes a la generación de baby boomers, se quedaran en casa o tomaran en serio el posible contagio de Covid- 19.  En la otra cara de la moneda, ante los anuncios de las autoridades regionales o locales de las medidas paulatinas de desconfinamiento, algunas personas se quejan de que son principalmente los jóvenes quienes han abarrotado bares y restaurantes, exponiendo a todos al contagio.

Es interesante también analizar cómo es transversal a los grupos de edades, el estrés y la insatisfacción que genera el distanciamiento físico, al punto en que se sopesa el estrés emocional y por lo tanto, el deterioro de la salud al estar en confinamiento, con el deterioro de la salud – y posible muerte – por contraer el virus.

Sin lugar a dudas, no son situaciones fáciles para ningún grupo de edad, pero es interesante analizar sus principales preocupaciones contextualizadas en la pandemia, pues ello nos da información de los principales valores y motivaciones de las personas en función de la generación a la que pertenecen. Conocer esto, nos permite hacer más efectivos los acercamientos en las informaciones para prevenir no solamente el contagio, sino para la difusión de mensajes que impacten en el bienestar de las personas.

@Lillie_ML

Liliana Martínez Lomelí

Columnista de alimentación y sociedad

PUNTO Y COMO

Columnista de alimentación y sociedad. Gastronauta, observadora y aficionada a la comida. Es investigadora en sociología de la alimentación, nutricionista. Es presidenta y fundadora de Funalid: Fundación para la Alimentación y el Desarrollo.