El movimiento de “cuerpos en positivo” o body positivity en inglés, toma un auge en redes sociales, con el fin de concientizar a los usuarios en redes sobre las horas que pasan viendo cuerpos perfectos o estándares y cánones de belleza cuasi imposibles de alcanzar sin ayuda del bisturí.

Y no es que la ayuda del bisturí sea el centro de la controversia en este movimiento. Lo que resulta pertinente de analizar es el cómo y el porqué de este movimiento encaminado a mostrar de manera más normalizada, cuerpos “reales” (manera en la que los denominan), sanos pero que no alcanzan esos ideales estéticos promovidos por celebridades.

Es importante hacer notar que este movimiento se encuentra más anclado en redes sociales como Instagram o Tik tok. En redes sociales en las que se comparte más texto que imagen, como Facebook o Twitter, el movimiento existe, pero impacta más en las redes sociales dedicadas mayormente al culto a la imagen. Las imágenes por sí mismas son más poderosas que los textos. En la cultura de la inmediatez, del cambiar rápido de estímulos que no resulten ampliamente satisfactorios y en la hiperabundancia de la información, las imágenes son el vehículo más poderoso para dejar un impacto en los usuarios de las redes. A este respecto. Existen estudios en los que se identifica que la exposición a redes sociales en las que prevalece la imagen sobre el texto, puede generar mayor insatisfacción en el usuario. Dentro de esta insatisfacción, además de la corporal, pueden surgir otro tipo de insatisfacciones sobre lo que no se viste, lo que no se viaja, lo que no se vive, lo que no se comparte.

Frente a ello, algunas personas han tomado cartas en el asunto para mostrar, con cierto activismo, cuerpos que representan mayor diversidad. Aún en los temas de diversidad, aunque diferentes publicaciones se esfuerzan por hacer más evidente la inclusión ante la falta de diversidad de sus modelos, la realidad es que la mayoría topan con pared en sus esfuerzos. Cuando de verdad existe la diversidad no es necesario señalarla con publicaciones con el discurso implícito de : “miren, ponemos en portada una modelo talla 10 en nuestro número especial sobre la diversidad, cuando normalmente ponemos modelos talla 0, y por ello somos inclusivos”.

El por qué algunas personas sintieron la necesidad de este movimiento, encierra una compleja maraña de razones socio culturales. Primero, a través de la historia los cánones de belleza han sido modelados socialmente con respecto a un ideal. La diferencia es que ahora esos cánones están constantemente formando parte de nuestra esfera privada, al estar constantemente expuestos a estas imágenes. No es que las personas sean entes pasivos que no distinguen el modelo de cuerpo impuesto. Sin embargo, aunque exista una consciencia de ello, el bombardeo constante termina actuando de manera implícita sobre cuestionamientos que tal vez de otra manera las personas no se plantearían, por ejemplo: ¿Por qué en esta publicación están hablando de los rollos en la parte trasera de la pierna? ¿Debería de preocuparme por eso? ¿Por qué aquí hablan de tener un cuerpo de bikini? ¿Debería de tener un cuerpo específico para poder usar un bikini? Y así tantos ejemplos más.

Si bien las redes sociales forman parte de nuestra cotidianeidad, por bienestar propio se requiere hacer una curaduría consciente sobre el tipo de contenidos que consumimos y cómo estos influyen en nuestro bienestar y satisfacción.

Twitter :@lilianamtzlomel

Liliana Martínez Lomelí

Columnista de alimentación y sociedad

PUNTO Y COMO

Columnista de alimentación y sociedad. Gastronauta, observadora y aficionada a la comida. Es investigadora en sociología de la alimentación, nutricionista. Es presidenta y fundadora de Funalid: Fundación para la Alimentación y el Desarrollo.

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