El espectáculo de medio tiempo del Super Bowl suscitó una serie de reacciones dignas de reflexionar sobre la relación entre cuerpo y edad que priva en la sociedad contemporánea y su relación con la actividad física y la alimentación.

Entre las reacciones de fanáticos y medios de comunicación se encontraban dos grandes temáticas: una, la presencia latina en uno de los mayores eventos masivos estadounidenses y dos, enfatizar los cuerpos y la edad de Jennifer López y Shakira.

La hazaña de tener el cuerpo de estas mujeres en relación con su edad implica cuestiones más implícitas sobre lo que significa ser mujer, envejecer, cuidarse y una serie de presupuestos sobre el cuerpo. Vivimos en una sociedad que alaba el esfuerzo individual sobre el esfuerzo colectivo; por lo tanto, la dominación de las propias debilidades, antojos, la disciplina y la determinación que conllevan para mantener un cuerpo que delata o enmascara la forma en la que debe lucir a determinada edad.

Lo cierto es que culturalmente la edad y la juventud se construyen en función de las condiciones de vida. No hace mucho tiempo, cumplir 50 años era el ocaso de la vida y los 40 significaba haber llegado al pico de la vida para después decaer. La realidad es que, por un lado, la eterna juventud reflejada en la cara y en el cuerpo es uno de los seudovalores que obsesionan a toda una generación, así como lograr una alimentación perfecta que sustente esa imagen corporal. Por otro lado, esos mismos seudovalores inalcanzables están en la génesis del edadismo, o la discriminación en torno a la edad que muchas personas viven.

La experiencia, la seguridad y la sabiduría que dan los años están valoradas de manera secundaria, o cuando están envueltas en una imagen como la que ofrecen dos extraordinarias entertainers. Shakira tuvo que verse de cierta manera, con determinado cuerpo y determinado look diferenciado del de los inicios de su carrera, para acceder a un mercado global. Es un hecho cruel, que refleja los valores sociales por los que nos regimos.

El esfuerzo individual en torno a la alimentación, a lograr la eterna juventud o el cuerpo perfecto son, por lo tanto, un generador de ansiedad, y es en esta paradoja donde nos preguntamos si el tener esos cuerpos cuasiperfectos genera ansiedad, la cual provocaría malestar en la salud emocional.

Hay que señalar que desgraciadamente, en un negocio donde los visuales significan gran parte del éxito, Jennifer López y Shakira no gozarían del mismo éxito si se vieran de manera diferente (con cuerpos un poco menos atléticos o rellenos). Es por ello que no hay que perder de vista que en su negocio es requisito vigilar una alimentación estricta y un plan de actividad física de alto rendimiento.

Verse de cierta manera cuesta miles de dólares y, también, genera miles de dólares. Poco a poco, en los negocios que no tienen que ver en el espectáculo, se desarrolla un rechazo a los cuerpos que no se ven atléticos o a las personas que no se alimentan de cierta manera. La edad se vuelve, así, una cuestión relativa. La discriminación por la forma en la que nos vemos, cómo nos alimentamos o la edad que tenemos es un hecho tangible que afecta significativamente el bienestar, puesto que construimos modelos casi inalcanzables de salud y cuerpo.

Twitter: @Lillie_ML

Liliana Martínez Lomelí

Columnista de alimentación y sociedad

PUNTO Y COMO

Columnista de alimentación y sociedad. Gastronauta, observadora y aficionada a la comida. Es investigadora en sociología de la alimentación, nutricionista. Es presidenta y fundadora de Funalid: Fundación para la Alimentación y el Desarrollo.