El gobierno del presidente López ha decidido respaldar a la dictadura cubana de manera diplomática, política, financiera y material. Cuba ha sufrido la tiranía más longeva y atroz en la historia del continente americano, apenas velada en su momento por la lógica de la guerra fría, por la simpatía nata que irradia el pueblo cubano, por su vigorosa cultura, por la extraña predisposición latinoamericana a endiosar caudillos justicieros y vengadores, y por las instintivas pulsiones anti-democráticas de nuestras izquierdas. También, ha tratado de ser encubierta por una sagaz propaganda sobre pretendidos logros en medicina y educación, que no son tales: Cuba sería un país moderno, próspero y productivo, y claramente es todo lo contrario. En cualquier caso, en todas las dictaduras, aún en las más aberrantes, sería posible identificar algún aspecto positivo, lo que de ninguna forma las justifica. Han sido 62 años de estancamiento, retroceso y destrucción, de ruina económica, de miserias, y de quiebra física y moral, como lo puede atestiguar con tristeza e indignación cualquiera que haya visitado esa infortunada isla, que aún subsiste gracias a infraestructuras y equipamiento previos al comunismo (sorprendentes para su época). De hecho, recordemos que Cuba fue, hasta antes de los años sesenta del siglo pasado, uno de los países más avanzados en América Latina en materia de ingreso per cápita y desarrollo social – no obstante gobiernos corruptos –  sólo por debajo de la Argentina y del Uruguay. Cuba pasó de ser próspero paraíso de atracción migratoria (españoles, italianos, libaneses, judíos, latinoamericanos, norteamericanos) a convertirse en una nación expulsora: más del 20% de su población ha –  literalmente –  huido.

A pesar de que muchos en su cinismo, alucinación ideológica o ingenuidad todavía le reconocen tintes de legitimidad histórica, la verdad es que la dictadura comunista cubana extirpó todo vestigio de democracia, conculcó todas las libertades, y erradicó todos los incentivos a la innovación y al progreso. En su momento, persistió gracias al férreo abrazo y a los subsidios de la Unión Soviética en el contexto de la guerra fría, y después a las dádivas chavistas de Venezuela. Vive esencialmente del turismo, de transferencias humanitarias masivas de alimentos y medicinas provenientes de los Estados Unidos (sí, de los Estados Unidos), y dese luego, de las remesas de la diáspora cubana. Cuba produce muy poco, y exporta menos, aparte de azúcar, tabaco, ron, algunos minerales, y médicos esclavos. Se trata de una economía estrictamente subdesarrollada y baldada. El contrabando y la corrupción, así como privilegios y monopolios permiten que la hipócrita nomenclatura que conforma al Partido Comunista de Cuba extraiga jugosas rentas de escasez, y disfrute de una ofensiva afluencia material.

Ciertamente hay un embargo comercial por parte de Estados Unidos, pero Cuba puede comerciar libremente con más de 160 naciones, entre ellas Europa, China, Japón, Rusia y América Latina, entre muchas otras. El embargo comercial tiene su origen en la confiscación, sin indemnización, de inversiones norteamericanas en la isla. El régimen lo usa como justificante para enmascarar fracasos y atrocidades. La dictadura se sostiene por una represión astuta e implacable a través células vecinales (Comités de Defensa de la Revolución), turbas paramilitares de choque, cárcel, asesinatos selectivos, propaganda ubicua e incesante, emigración como válvula de escape, control de la red, y espionaje despiadado. Así es como las recientes protestas masivas han sido reprimidas de manera feroz. La dictadura ha sofocado todo intento de disidencia y libertad de expresión (apenas se empieza a filtrar en los últimos años cierta conversación crítica gracias a internet). El aparato de inteligencia ha alcanzado una eficacia formidable y es capaz de identificar y aplastar cualquier destello de liberación, al tiempo que exporta sus saberes, experiencia y agentes a gobiernos afines. De hecho, la inteligencia cubana gobierna en la práctica y sostiene a la dictadura en Venezuela.

Es esto lo que respalda el gobierno de López, en el periodo más negro en la historia de la política exterior mexicana, a pesar de que el Artículo 89 Constitucional establece como principio de política exterior, el respeto, la promoción y la protección de los derechos humanos. Exijamos que México defienda la democracia, los derechos humanos y las libertades en Cuba.

@g_quadri

Gabriel Quadri de la Torre

Ingeniero Civil y Economista

Verde en Serio

Político, ecologista liberal e investigador mexicano, ha fungido como funcionario público y activista en el sector privado. Fue candidato del partido Nueva Alianza a Presidente de México en las elecciones de 2012.

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