Desde que se planteó el problema de la pandemia del Covid-19, nada ha dejado de asombrarme más, que la aparente displicencia o ligereza con la que el Gobierno Federal ha tomado el asunto.

Primero, como se ha repetido mil veces, con la certeza de que se estaban tomando medidas y previsiones, que al final no resultaron ciertas. Después, con las gracejadas del Presidente, de que había que abrazarse y después con sus estampitas que lo protegerían de cualquier mal.

Posterior a eso, con la supuesta opinión de los expertos; la asunción de que los cálculos de los tiempos más lamentables se darían en el mes de mayo. Todo ello falso, como ha quedado claro, derivado de los estudios de la UNAM que sostienen que, hasta finales de junio podremos empezar a aplanar la curva y como la realidad se impone en las conferencias de prensa de López Gatell.

La autoridad ha sido tan errática, que un día dice que los tapabocas no son indispensables o efectivos y cincuenta días después los considera parte de las medidas necesarias para reiniciar la “nueva normalidad”.

En ese contexto, el Presidente se lanza a una gira de diez días por carretera a cinco estados, ¿para qué? ¿Qué le urge o qué tiene que inaugurar o llenar en el espacio político que es necesario salir de gira? ¿Qué mensaje es indispensable desde cada uno de esos estados? ¿Qué mensaje manda a los que deben, en realidad quedarse en casa? ¿Qué emoción ególatra o narcisista le obliga a querer sentir la adrenalina emocional del contacto con el pueblo?

Si el presidente se enferma, será por su propia decisión. Si cree que es necesario salir, la pregunta es ¿Por qué? Pero mejor aún, ¿Por qué toda esa reacción previa?

Se han ofrecido hipótesis. La primera: la preparación ha sido endeble, porque es un marro que no quiso invertir en pruebas y el irresponsable de López Gatell, le ofreció un método aceptado por la Organización Mundial de la Salud para tener una evaluación estadística, en vez de una evaluación en tierra. No de gratis somos el país que menos pruebas ha hecho por cada 100,000 habitantes. Salía más barato y no generaba especulaciones sobre la capacidad del sistema de salud y su solvencia para atender los posibles casos previstos. Además, no generaba demanda sobre tapabocas y otro tipo de servicios.

Segunda Hipótesis: no generar un clima de crisis y de fracaso del gobierno. Mostrar, tal vez sus fortalezas y sus capacidades para enfrentar una crisis. Lo que ha demostrado es exactamente lo contrario, pero pudo haberse pensado.

Finalmente, generar un clima de crisis, no permitía seguir con la 4T. Si la transformación es el combate a la corrupción, este era un buen momento. Como anillo al dedo, sólo compro lo que haga falta y, aunque tarde, voy resolviendo con aviones mandados a China lo que haya que resolver y al precio que haya que pagarlo.

Tal vez todas ellas juntas, pero lo que sigue siendo un enigma, es la actitud del gobierno. La desatención de los gobiernos estatales y, ahora, descansar con un semáforo mientras el presidente viaja, la responsabilidad de resolver lo que el gobierno federal no resolvió desde el principio, entregarlo a los gobernadores que tienen que tomar decisiones con recursos escasos y resolver lo que el gobierno federal se niega a asumir como responsabilidad.

Varias culpas y responsabilidades quedan, sin embargo, López Gatell le permitió al Presidente, en una lectura política, toda clase de irresponsabilidades. Y el presidente está feliz de que él sea el culpable, por interés o por omisión

La segunda, es que el presidente, aunque no quiera aceptarlo, llegó tarde y mal preparado. Como si el fenómeno no fuera del tamaño del que ha sido.

Y, por último, todos los errores sólo pueden acabar en un hecho: muertos. Menos o más, es una medida, como se ha visto en ciertos estados que decidieron no seguir la política federal, de los que habrán de morir o no.

Esa responsabilidad, le guste o no al Presidente y por las razones que haya decidido, solo estarán sobre sus hombros. Él es, finalmente, el culpable. Ojalá pueda explicarlo un día. Pero de que es culpable, lo es. Muertos sobre sus hombros, que pudo haber evitado y no lo hará, mientras viaja por el país.

Miguel González Compeán

Abogado, politólogo y economista

Columna invitada

Ensayista e interesado en temas legales y de justicia. actualmente profesor de la facultad de derecho de la UNAM.