La paraestatal necesita una transformación profunda: un mejor Gobierno Corporativo; otro esquema fiscal; ?un marco más flexible para detonar la inversión.

Pemex es mucho más que una empresa petrolera. Es un símbolo y un barómetro que mide lo mismo nuestra grandeza que nuestra mezquindad.

Cuando preguntamos cuánto puede cambiar Pemex, también preguntamos qué tanto puede cambiar el gobierno federal y, en última instancia, cuál es el límite de la transformación de México.

Hoy, el Consejo de Administración de Pemex recibe la propuesta para adelgazar la estructura de la paraestatal. El Consejo retomará, además, el proyecto de gasoducto Los Ramones y la alianza en petroquímica con Mexichem, la firma que encabeza Antonio del Valle. Los tres proyectos son de gran calado. Ninguno requiere de autorización por parte del Poder Legislativo. Bastará con que el Consejo de Administración, que preside Pedro Joaquín Coldwell, lo apruebe.

La reestructuración organizativa acabará con un esquema diseñado en tiempos de Ernesto Zedillo que nunca terminó de ser eficiente. Será el final de las cuatro empresas en que ahora se divide la paraestatal: Exploración y Producción; Refinación; Gas y Petroquímica Básica y Petroquímica.

Podrá ser el principio de un modelo menos oneroso y más propicio para la coordinación.

El Consejo de Pemex también retomará el proyecto del gasoducto de Los Ramones, que vale 3,500 millones de dólares y que es crucial para normalizar el abasto de gas natural para las zonas industriales y de consumo en Tamaulipas, Nuevo León, San Luis Potosí, Guanajuato, Querétaro, Zacatecas y Jalisco.

Por último, se ocupará de revisar la alianza con Mexichem, una coinversión valuada en 566 millones de dólares para producir cloruro de vinilo.

Esta asociación lleva meses congelada y ha sido una de las mejores pruebas de la rigidez de la petrolera mexicana para trabajar en nuevos esquemas con empresas privadas.

Es muy probable que el Consejo apruebe los cambios. Pemex será más esbelta, mejorará la balanza petroquímica al sustituir importaciones y podrá abatir en el 2014 la emergencia relacionada con el desabasto de gas en algunas de las principales zonas industriales del país. Estos cambios no bastarán. Pemex necesita una transformación más profunda: un mejor Gobierno Corporativo; otro esquema fiscal; un marco más flexible para detonar la Inversión Privada; un mayor compromiso de respeto al medio ambiente; una estrategia para generar cadenas industriales de valor; un renovado compromiso con la innovación y el desarrollo tecnológico; una política de recursos humanos del siglo XXI, y un plan de combate a la corrupción.

Cada uno de los cambios mencionados es fundamental. Algunos requieren reformas constitucionales y otros no. El denominador común es que todos implican un profundo compromiso político, al interior del gobierno federal; dentro del PRI y con otros partidos políticos; con los sindicatos, con los empresarios y con diversos grupos sociales interesados en la transformación positiva de Pemex.

¿Cuánto puede cambiar Pemex? Una enormidad, si asumimos que no todos los cambios sustanciales requieren reforma constitucional. ¿Por dónde empezar? Emilio Lozoya marcó la pauta con su primer discurso como Director de la empresa: Cero tolerancia a la corrupción en Pemex . Si la paraestatal puede abatir su corrupción, podrá hacer cualquier cosa, incluso ser una de las empresas más eficientes del mundo.

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