La respuesta del Fondo Monetario Internacional, después de realizar un estudio reciente, es que fue de alrededor del 27% del PIB de los países desarrollados miembros del G-20. Y de 2% del PIB de los países emergentes también que forman parte de ese grupo. Estos recursos tuvieron un origen público e hicieron frente a una crisis económica mundial, a un sistema bancario en quiebra y a una inapetente inversión privada.

El impacto a los países desarrollados ocurrió principalmente en Australia, Canadá, Francia, Alemania, Italia, Japón, Corea del Sur, Reino Unido y Estados Unidos. En los países emergentes consumieron dinero de los contribuyentes Brasil con el 1.3% de su PIB y Rusia con el 10% de sus PIB.

El resto de países del Club (Argentina, China, India, Indonesia, México, Arabia Saudita, África del Sur y Turquía) no acudieron a gastar recursos públicos, lo que condujo en algunos de ellos a una estabilidad macro sin crecimiento económico, porque la economía mundial, principalmente los países centrales, restringieron su consumo e importaciones.

Pero hay otros costos. Los efectos más importantes de la utilización de éstos dineros se concentran ahora en el incremento de la deuda pública de éstos países, lo que significa una carga para las próximas generaciones. La otra derivada de la crisis es la pérdida de varias decenas de millones de empleos.

La crisis fiscal, consecuencia de la salida de la crisis económica mundial está conduciendo a realizar draconianos ajustes de gastos que amenazan la recuperación económica que estamos viviendo. Además, se concentran en los recortes sociales, que son la esencia del avance de las sociedades. Y para echarle mas leña al fuego, mas desempleo.

En otro escenario, los países asiáticos que resistieron la crisis tendrán un crecimiento económico alto y sostenido.

El nudo macroeconómico es cómo lograr el equilibrio entre estabilidad y crecimiento económico. Es una cuestión de ingeniería en donde entran en juego todos los instrumentos. Absolutamente todos y en oposición a las políticas de talla única. Es también un ejercicio de alta política y de coordinación macroeconómica con los países que constituyen los grandes mercado.

Políticamente nuestros dirigentes se encuentran ante encrucijadas. Un día se angustian por el déficit y la deuda pública y otro por el desempleo que aumenta y la producción que no sube. Todo a causa de que las economías están abiertas y que el FMI, después de ser keynesiano para afrontar la crisis, ahora es ortodoxo. El reino del corto plazo y sus temores.