No hubo anuncios concretos sobre reforma fiscal o energética, como muchos esperábamos. En vez de ello, Enrique Peña Nieto presentó un programa de acciones concretas que marcarán las primeras semanas de su Gobierno: son 13 medidas de aplicación inmediata. No requieren complejas negociaciones ni acuerdos políticos de lenta cocina.

La decisión de impulsar la competencia en la televisión abierta y el impulso para relanzar los trenes de pasajeros llaman la atención. Están llenas de símbolos: Calderón no pudo cristalizar su deseo de fomentar la competencia televisiva y, en más de un sentido, terminó asumiendo el poder de las grandes cadenas como algo inexpugnable. Enrique Peña agarra la estafeta y retoma el tema, ¿podrá lograr lo que su antecesor no consiguió? Anunciarlo en su toma de posesión quiere decir que usará su capital político inicial para intentarlo. Es significativo que esta decisión no haya sido acompañada de un mensaje respecto a la competencia en otras áreas de las telecomunicaciones. El elevar a derecho constitucional el acceso al Internet de banda ancha es algo, pero no llena los huecos.

El impulso a una política tranviaria del siglo XXI es significativo, no tanto por el presupuesto que implica en un rubro donde casi todo vale miles de millones de pesos, sino por la importancia que este medio de transporte sigue teniendo. La infraestructura ferroviaria es una pieza fundamental dentro de lo que será el rompecabezas del plan nacional de infraestructura que se llevará el equivalente de 8% del PIB, en inversión pública y privada.

No es una casualidad que los trenes hayan sido el único aspecto de este plan de infraestructura que hayan ameritado una descripción detallada. El regreso de los trenes en el Primer Mundo tiene que ver con su mayor eficiencia respecto a los autos y camiones, en términos económicos y ambientales.

El anuncio de Peña Nieto respecto a los trenes está llamado a transformar el mapa económico nacional, como lo hizo la política porfirista en la materia hace 120 años. Reforzará el papel del Bajío como la zona económica con más potencial en el futuro inmediato. Dará a Toluca el eslabón que le faltaba para integrarse a la Zona Metropolitana de la Ciudad de México. En el caso del proyecto ferroviario para la península de Yucatán, magnificará las posibilidades de una de las regiones más dinámicas del país.

Las trece medidas proyectan una visión equilibrada entre lo que será la política económica y la social además de los desafíos en educación y seguridad pública. Explicó las razones por las que emprenderá estas primeras acciones. Fue elocuente y exhaustivo para explicar la necesidad de cada una de las medidas. La cruzada por el hambre fue la única en la que explícitamente llamó a la sociedad a sumarse a ella.

¿Será posible ampliar los alcances de la política social y ampliar el programa nacional de infraestructura, al mismo tiempo de cumplir con el objetivo de lograr déficit fiscal cero? Enrique Peña Nieto no mencionó cifras sobre los costos que tendrán sus primeras acciones. Tampoco habló de ahorros o fuentes extraordinarias de ingresos públicos.

El presupuesto 2013 será la primera prueba de fuego. El reto es cuadrar las buenas intenciones con la asignación de recursos. Hay una dimensión técnica financiera, donde la razón tecnocrática se hace valer. El resto es negociación política. Los actores políticos tendrán oportunidad de tomar posición respecto a las propuestas de Peña. Cabe esperar que haya prudencia y espíritu de colaboración. La Presidencia tendrá el reto de construir un liderazgo democrático.

Algunas de las decisiones anunciadas no implican necesariamente más costos económicos, sino una forma diferente de entender el papel del Estado. Este es el caso del desistimiento de la controversia por la Ley de Atención a Víctimas y el programa de prevención del delito. En cuanto a la reforma educativa, el costo será más bien de tipo político, pero contará con un amplio respaldo social. Hay que sumar la propuesta para unificar los códigos penales en uno solo.

El discurso fue profundo en más de un sentido. Si una cosa quedó a deber fue la descripción detallada de los compromisos en combate a la corrupción y en el impulso a la austeridad gubernamental. El tiempo nos dirá cuánta capacidad tiene Enrique Peña de pasar del discurso a la acción. No sólo depende de él. La calidad del Gobierno entrante dependerá de la calidad de la oposición.