Lo peor de lo que empezamos a ver ahora con los precios del petróleo es que esa historia ya la hemos vivido antes, muchas veces, y con episodios tan difíciles como lo ocurrido durante el 2007 y el 2008.

Desde mediados de la década pasada los precios de los hidrocarburos empezaron a subir de manera constante. Siempre con una explicación oportuna, como la presencia de poderosos huracanes en el Golfo de México hasta el crecimiento dinámico de las economías asiáticas.

Lo cierto es que los precios del petróleo pasaron de promedios por debajo de los 40 dólares a mediados del 2004 a niveles superiores a los 120 dólares a finales del 2007.

Es cierto que se trata de algunos de los mejores años del crecimiento de las economías de China e India. Y también es correcto que en esos años se da una caída en los niveles de producción de los países petroleros. Sobre todo porque queda demostrado que el crudo fácil se acaba y si bien hay reservas en el subsuelo, éstas se vuelven cada vez más difíciles de obtener y, sin duda, más costosas.

La cadena de circunstancias que propiciaron la gran recesión mundial del 2008-2009 es muy extensa y con infinidad de explicaciones, pero es un hecho que las presiones inflacionarias derivadas de los altos precios de los energéticos influyeron.

En Estados Unidos, las gasolinas pasaron de promedios inferiores a los 2 dólares por galón a niveles absurdos por arriba de los 4 dólares.

Las presiones en los precios obligaron a los bancos centrales a restringir sus políticas monetarias para contener la inflación y esto provocó que las tasas de interés que se mantenían tan bajas y que habían permitido el sobreendeudamiento subieran repentinamente.

El origen de la crisis subprime está más en la irresponsabilidad en la calificación del crédito, pero no hay duda de que el repentino incremento en el costo del dinero influyó en la incapacidad de muchas personas de hacer frente al pago de sus hipotecas.

En esos días en que la gente dejó de pagar la hipoteca, también dejó de usar sus automóviles y ese freno en los autos fue un alto para la economía. La promesa fue trabajar incansablemente para que en estos tiempos del petróleo escaso, los autos en un futuro no muy lejano avanzaran más millas con la misma cantidad de combustible.

Pero como siempre ocurre, la enorme preocupación por desarrollar tecnologías más eficientes se fue diluyendo conforme los precios del petróleo bajaban por la recesión.

Hoy, los autos eléctricos son más un tema anecdótico y si bien el parque vehicular estadounidense ha bajado el promedio de cilindros, el consumo sigue siendo alto.

Pero al no haber una corrección de las razones que habían hecho crecer los precios del petróleo, entre ellas la especulación en los mercados financieros, era lógico pensar que regresarían los tiempos de preocupación por los precios del petróleo y parece que están de vuelta los precios altos del crudo, inspirados en las razones de siempre: mercados especulativos, expectativas de una mayor demanda que oferta y razones coyunturales que pueden influir en los flujos del hidrocarburo.

El discurso en tono bélico de Barack Obama del fin de semana sobre el tema Irán no hizo sino abonar a la especulación petrolera. Así que si sigue subiendo el precio del petróleo, la economía estadounidense encontrará un nuevo lastre para su recuperación.

El petróleo crudo ligero de Texas, el WTI, está en 107 dólares por barril, a menos de 20 dólares del nivel, puesto por muchos analistas como el punto en que causaría daños severos en la recuperación económica.

Y una desaceleración económica de Estados Unidos provocada por las presiones inflacionarias, derivadas del aumento del precio del petróleo, no son buena noticia para una economía como la nuestra.

Porque es un hecho que para México el petróleo también se puede convertir en una maldición cuando los precios suben tanto.

Es tan simple como esto, la economía mexicana depende de otro país que vive siempre sediento del petróleo mundial y si le suben ese costo, se afecta toda la cadena económica.

México, además, es un importante exportador de petróleo, pero un gran importador de productos derivados que afectan sus finanzas, sobre todo porque el populismo de los gobiernos de este país ha impedido eliminar los aberrantes subsidios a los combustibles.