Mucha gente piensa que todos los bancos son iguales: su atención al cliente es pésima, las cuentas que ofrecen son muy similares (las diferencias básicamente son en comisiones y en la calidad de la banca electrónica y sus aplicaciones móviles) y todos cobran altísimos intereses si uno necesita un préstamo.

Todo esto es, lamentablemente, muy cierto. Sin embargo hay un segmento en el cual han generado mayor competencia y han sacado productos de nicho que responden a necesidades distintas, como las tarjetas de crédito.

Las diferencias son muy importantes, específicamente en tasas de interés, programas de recompensas y en las coberturas gratuitas que ofrecen. Por eso mismo no existe la tarjeta que sea “mejor” para todos, sino que debemos elegir aquella que se acerque mejor a nuestras necesidades.

Antes de seguir quiero dejar muy claro algo: si uno utiliza tarjetas de crédito, debe hacerlo como medio de pago nada más. No son un mecanismo adecuado para tomar una deuda, porque son el crédito más caro que existe. Las tasas de interés son elevadísimas y mayores a cualquier otra alternativa en el sector financiero formal.

Pero si uno las utiliza convenientemente y paga el saldo completo cada mes, aprovechará todos sus beneficios (seguros y programas de recompensas) sin tener que pagar nunca intereses. Esto es importante. En este sentido, la tasa de interés que cobra el banco no es tan importante como los beneficios que están incluidos.

La mayoría de las tarjetas de crédito incluyen seguros interesantes, algunas incluso de compra protegida (si le pasa algo a lo que compramos dentro de un tiempo determinado, nos lo reponen) o de garantía extendida (nos extiende la garantía del fabricante por un año más). Además de seguros de vida en caso de fallecimiento durante un viaje pagado por la tarjeta, que nunca están de más.

Pero también incluyen programas de recompensas que podrían ser atractivos. El mejor depende mucho de nuestras propias necesidades, ya que hay programas que obedecen a muy distintos objetivos.

Por ejemplo, para aquellas personas que viajan mucho, quizá les convenga buscar la tarjeta que les ofrezca mejores recompensas y servicios de valor agregado para viajeros. Una que nos pueda dar beneficios nuestra línea aérea preferida, o por lo menos millas que se sumen a las que ganamos por el viaje. Posiblemente sea importante una tarjeta que nos dé acceso a salas VIP así como seguros por pérdida o robo de equipaje, o cancelación de viaje.

Habrá personas, sin embargo, que este tipo de tarjetas no les servirán de mucho, ya que no suelen viajar. Por ello, les puede favorecer otro tipo de programas de recompensas. Un aspecto importante que debemos tomar en cuenta es cuánto valen los puntos que podemos ganar. Mucha gente se va con la finta, y adquiere una tarjeta que promete más puntos por cada peso gastado, pero cuyas recompensas son mucho más caras. Como siempre: busquemos el programa que tenga más alternativas y con recompensas que estén más a nuestro alcance.

Una consideración adicional: la cuota anual, que varía mucho dependiendo del segmento. Algunos bancos en ciertos segmentos incluso la bonifican, si el cliente cumple ciertas condiciones. Como podemos ver, hay muchas posibilidades y el secreto está en elegir el producto que se adecua mejor a nuestra necesidad particular.

Joan Lanzagorta

Coach en Finanzas Personales

Patrimonio

Ejecutivo de alto nivel en seguros y reaseguro con visión estratégica de negocio, alta capacidad de liderazgo, negociación y gerencia.

Además es columnista de Finanzas Personales en El Economista, Coach en Finanzas Personales y creador de la página planeatusfinanzas.com

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