Un conflicto entre Rusia y el Occidente asfixiaría la recuperación económica a nivel mundial y sacudiría?la confianza en los mercados emergentes.

Rusia tiene 16,000 soldados en Crimea y su Parlamento está procesando una ley que le daría derecho a anexarse cualquier territorio donde predomine la población rusa. ¿Cómo reaccionarán las potencias occidentales ante el expansionismo de Putin?

El mundo vive la crisis geopolítica más importante desde la guerra de Afganistán y los mercados no terminan de procesarlo. Las bolsas cayeron el lunes y se recuperaron ayer. Oro, gas y petróleo se colocaron en máximos de un semestre. Hay salida masiva de recursos de Rusia y otros mercados emergentes.

Son imprevisibles las consecuencias de un agravamiento del conflicto. El problema va más allá de Ucrania, que tiene un PIB menor que el de Perú y que sólo es una potencia en la producción de trigo y maíz. Nunca, en la historia reciente de la globalización, se han impuesto sanciones económicas a una de las 10 mayores economías. Rusia es la séptima y está fuertemente vinculada a Europa. Les provee alrededor de una cuarta parte del gas y petróleo que consumen.

El mundo no está preparado para un escenario de alargamiento o intensificación del conflicto. Europa no ha terminado de recuperarse de la crisis. Una suspensión o disminución del abastecimiento que viene de Rusia llevaría a un alza en los precios del gas y el petróleo. Pegaría a todo el mundo, pero más fuerte a Europa. Ellos son importadores netos y han podido tomar un respiro en sus costos en la medida en que los precios internacionales han bajado en los últimos meses.

El conflicto de Ucrania empezó con la cancelación de un acuerdo comercial con la Unión Europea. Tomó una nueva dimensión con el anuncio de Moscú de un paquete de ayuda financiera por 15,000 millones de dólares. En el punto en el que las cosas se encuentran, la situación financiera merece verse con cuidado, porque empieza a enviar señales de alerta. Los bancos europeos tienen una exposición de 23,000 millones de dólares en Ucrania y de 184,000 millones en Rusia. ¿Cuánto valdrían esos papeles de deuda en caso de que el conflicto escale? La mera incertidumbre regresaría a la terapia intensiva a los bancos europeos que siguen intoxicados de la gran crisis del 2008.

Las potencias occidentales se han mostrado cautelosas. Ante la ocupación militar de Crimea han tomado una actitud que no difiere mucho de la que Francia e Inglaterra tuvieron ante los avances de Hitler, antes de 1938. John Kerry ha dicho que EU no descarta la instrumentación de sanciones económicas, pero hasta el momento lo único concreto ha sido la suspensión de las reuniones preparatorias para la Cumbre del G-8 en Sochi.

La prudencia se justifica por el gran impacto que tendría cualquier reacción estridente de Occidente. No basta con ser prudente para resolver una crisis geopolítica de una intensidad que Europa no vivía desde las invasiones soviéticas a Praga y Budapest, en 1968.

Las relaciones de México con Ucrania y Rusia son mínimas. En turismo, comercio e intercambio financiero no llegan a 1% de nuestras balanzas. La insignificancia de la relación no implica que no estemos expuestos, por obra y gracia de la globalización. Un conflicto entre Rusia y Occidente asfixiaría la recuperación económica mundial y sacudiría la confianza en los mercados emergentes. Lo ocurrido el lunes fue una probadita. Nadie está preparado para comer esa enchilada completa.

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