La semana pasada se debieron haber reunido el exdirector gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Dominique Strauss-Kahn, y los ministros de Finanzas de los miembros de la Unión Europea (UE) con la canciller alemana Angela Merkel.

El motivo de la reunión era evaluar el continuo deterioro de la situación griega y analizar si el plan de rescate original necesitaba ajustes.

Para dar un poco de contexto, el plan original consiste en un paquete de apoyo financiero de 25,000 a 30,000 millones de euros para que Grecia pueda refinanciar sus vencimientos próximos de deuda.

Asimismo, el rescate de Grecia incluye un programa de austeridad y reformas estructurales significativas para reducir el déficit fiscal. Inicialmente, el mercado había juzgado que dicho programa de rescate y ajuste sería suficiente para que Grecia lograra una recuperación ordenada de sus finanzas públicas sin mayores consecuencias para los mercados internacionales.

Sin embargo, desde hace algunas semanas han surgido voces más críticas, como la de Nouriel Roubini, que juzgan que el plan actual no será suficiente para resolver la crisis.

En un reciente artículo, Roubini argumenta que las medidas de austeridad están sumiendo a Grecia en una prolongada recesión que podría hacer que la relación deuda/PIB supere 160 por ciento.

Roubini también argumenta que el impacto positivo de las reformas estructurales será nulo en el corto plazo, ya que los incrementos en productividad a raíz de dichos cambios estructurales toman tiempo.

Para Roubini, la única manera en que el nivel de apalancamiento actual de Grecia puede descender es en un escenario de crecimiento acelerado del PIB, que se ve muy lejano.

La apreciación del euro y las tasas de interés a las que actualmente se puede endeudar el gobierno griego hacen que el escenario de crecimiento se vea cuesta arriba.

Roubini argumenta que el plan original - el A- está condenado a fallar y las opciones son buscar un plan A+, donde se incremente el tamaño del paquete de apoyo de manera considerable, o un plan B, que implica necesariamente una reestructura de la deuda pública actual de Grecia.

Aunque el plan A+ podría comprarle más tiempo a Grecia, Roubini cree que existen obstáculos políticos crecientes que impedirán al Banco Central Europeo (BCE) y al FMI seguir esta ruta.

En esta ruta, el BCE estaría básicamente respaldando y subsidiando la deuda griega para evitar que los tenedores de dicha deuda sufran un daño patrimonial.

Para Roubini, Grecia, el FMI y la UE podrían tomar una página de la historia mexicana para ver cómo se realiza una reestructura de deuda exitosa: el caso de los Brady Bonds.

Roubini sugiere que los tenedores locales de deuda griega (que representan 95% de la deuda total en el mercado) se sujeten a una reestructura que consista en un intercambio de sus bonos actuales por unos de mayor plazo y menor tasa de interés.

En el caso de México, recordemos que hubo la opción de recibir Brady Bonds a la par, es decir, si el tenedor tenía un bono original cuyo valor inicial era 100 pesos, recibiría un bono nuevo con valor original de 100 pesos pero con menor tasa y mayor plazo.

Por otro lado, también había la opción de Brady Bonds a descuento, donde el tenedor recibía un bono de menor valor al que tenía -es decir, si el tenedor tenía un bono cuyo valor original era de 100 pesos, recibiría uno nuevo con un valor original inferior a 100 pesos- con una mejor tasa que la de la opción a par, pero menor a la del bono original. La clave del intercambio de bonos es ampliar el plazo lo más posible y disminuir el costo del pago de intereses de manera moderada.

Los argumentos de Roubini son elocuentes, los tenedores de bonos deben asumir parte del costo de la reestructura, de lo contrario el costo se transfiere totalmente a los países más ricos de la UE que subsidiarán a los tenedores de bonos, creando de nuevo un escenario de riesgo moral.

Grecia es un país que ha tenido diversos incumplimientos en el pasado y la única razón por la cual sus bonos gozaron de una buena calificación fue por su pertenencia a la UE.

Más allá del riesgo moral, Roubini es contundente en afirmar que el plan A será insuficiente, las medidas de austeridad y apoyo son necesarias, pero no suficientes. El plan B seguramente provocaría algo de incertidumbre de corto plazo en los mercados, pero en el mediano plazo daría una trayectoria más sustentable al problema fiscal de Grecia.