Dentro de los 13 compromisos lanzados por el Presidente, uno de ellos es muy prometedor si se apuesta por una estrategia de largo alcance.

Combatir el hambre puede hacerse repartiendo comida durante varios años a quienes carecen de alimentos. Sabemos que esto es un paliativo.

También puede hacerse replanteando la política hacia el campo y dándole un vuelco de 180 grados. Aquí es donde la agricultura familiar juega un papel fundamental. Varios países latinoamericanos han replanteado su política rural; una tendencia dominante otorga a la agricultura familiar un lugar estratégico. No es el caso de México. Aquí no es tema. Pero la propuesta de Peña Nieto abre posibilidades para alcanzar dos objetivos simultáneamente: disminuir el hambre y elevar el potencial productivo de las familias campesinas pobres. Si damos una mirada al gigante del sur, aprenderemos mucho. Primero, en el Brasil de Lula, se creó la Secretaría de Agricultura Familiar, una especie de subsecretaría al interior del Ministerio de Desarrollo Agrario, que dio continuidad al Programa Nacional de Fortalecimiento a la Agricultura Familiar. Esta primera decisión institucional le dio una fuerza y una visibilidad sin precedentes a la lucha contra el hambre.

Segundo, se diseñó una estrategia integral en la que varios ministerios se articularon para reforzar el objetivo central: disminuir el hambre a través de alternativas económicas, no asistencialistas. Tercero, se delimitaron con claridad los sujetos a quienes va dirigida esta estrategia: familias que poseen no más de cinco hectáreas (con el tiempo se fue ampliando a sectores de marginalidad media) y que no tienen trabajadores a su disposición, sino que ellas mismas son las gestoras de su unidad agropecuaria.

La estrategia general está compuesta de seis ejes de acción:

a) Fortalecimiento de las capacidades de las familias campesinas. Para esto se creó un instituto de capacitación y acompañamiento del programa.

b) Innovación y transferencia tecnológica. Junto con el desarrollo de capacidades, se innova en tecnologías de bajo costo y de fácil aplicación por familias con niveles de escolaridad mínimos.

c) Acceso al crédito. Se crean fondos de apoyo a la agricultura familiar, canalizados a través de diversas cooperativas, para ofrecer créditos dirigidos y supervisados, en condiciones muy favorables a las familias participantes (tasa de 1% anual). Esto implica diversificación de modalidades de crédito, según las necesidades regionales y locales.

d) Sistema de compras públicas. Compromiso del Estado, a través de todas sus dependencias, de comprar a los productores del programa, (Programa de Adquisición de Alimentos a la Agricultura Familiar) principalmente para surtir a las dependencias que requieren alimentos (en México sería, entre otros, el DIF para los desayunos escolares, y Diconsa), así como otras demandas estacionales.

e) Vinculación con mercados regionales y nacionales. La agricultura familiar tiene como primer destinatario los propios productores y su microrregión. Una segunda escala es la comercialización fuera de su microrregión a través de cadenas productivas.

f) Aseguramiento básico. Un seguro agrícola y pecuario para prevenir los riesgos de las siembras y del ganado familiar.

México puede darle un giro a su política social si pone los ojos en las más de 6 millones de familias que viven en el campo, muchas de ellas con problemas crónicos de alimentación. No sólo eso, sino que la revitalización del campo mexicano empieza por estas familias, más que por los grandes productores altamente tecnificados. Los efectos de este conjunto de medidas, a partir de una Subsecretaría de Agricultura Familiar, serían múltiples: una estructura productiva en zonas de alta y muy alta marginalidad; nuevas carreras técnicas orientadas a potenciar e innovar en pequeños espacios; mercados regionales dinámicos; municipios comprometidos a participar en el programa de adquisición de productos de agricultura familiar; seguridad alimentaria y erradicación del hambre; calidad alimentaria y salud en familias pobres... Si en Brasil se redujo la pobreza en más de 35% durante la Presidencia de Lula, en buena medida por esta estrategia, ¿no podremos en México apostar por la agricultura familiar como un paso clave para disminuir la vulnerabilidad de las familias rurales y finalizar el deprimido campo mexicano? También para el campo se pueden diseñar subsidios inteligentes, como los diseñados por la Comisión Nacional de Vivienda.

*Experto en microfinanzas. Coordina Cosechando Juntos lo Sembrado, SC