Cuando bebemos en exceso, aunque sabemos que más tarde habrá consecuencias horrendas, nos dejamos llevar por el calor del momento en el que esas consecuencias parecen lejanas y evitables. Algo similar pasa con los políticos y el endeudamiento.

Si hoy pueden acumularse deudas a largo plazo para financiar generosos programas que traerán muchos simpatizantes, ningún político puede resistir la tentación. Cuando finalmente llegue la cuenta y no haya con qué pagar, seguramente serán otros políticos los que tengan que darle al público la mala noticia de que hay que pagar la cuenta de los excesos del pasado. A muchos países de Europa finalmente les está llegando la factura del costo acumulado de las generosas prestaciones sociales de las que gozaron por mucho tiempo.

Y no es que esté mal proponerse que todos los ciudadanos gocen de excelentes servicios médicos y de pensiones. Lo que no se puede es sostener esos beneficios sin tomar medidas impopulares como aumentar los impuestos, incrementar la edad de jubilación o reducir las prestaciones otorgadas para ajustarlas al presupuesto. O le subes a los ingresos o le bajas a los beneficios.

El envejecimiento de la población implica que cada vez hay menos trabajadores en activo para cubrir las pensiones y servicios médicos de un número creciente de jubilados que viven cada vez más años después de haberse jubilado. Como nadie quiso entrarle oportunamente a desactivar la bomba de tiempo, ahora les toca hacer dolorosos recortes que tuvieron que haberse hecho hace mucho.

En México también tenemos ese tipo de bombas de tiempo en los sistemas de pensiones y salud de los trabajadores del ISSSTE, gobiernos estatales y de paraestatales. En el caso de Pemex, al 31 diciembre del 2010, los pasivos laborales de la empresa sumaron 650,000 millones de pesos (cerca de 5% del PIB). Según el último reporte de producción de la Comisión Nacional de Hidrocarburos, la producción de crudo ha disminuido 14.5% en la última década.

Contablemente, los pasivos laborales de Pemex están fondeados (con títulos del gobierno principalmente). Pero con una producción en declive y obligaciones laborales que siguen acumulándose, es cuestión de tiempo para que esos pasivos laborales se conviertan en un problema. Una revisión similar a las que hubo en el IMSS y el sector eléctrico debe hacerse oportunamente para evitar futuros dolores de cabeza.

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