Nadie imaginó que la carrera iniciada por tres flamantes autos, apalancados por tres escuderías cada uno, terminarían zarandeados por un carrito que ni siquiera se vislumbrado en el camino.

Todo empezó el 14 de diciembre. Habían pasado apenas dos días del cumpleaños de la morenita del Tepeyac. Todavía no terminaban de regresar los peregrinos a sus pueblos cuando inició la carrera.

La singular corretiza de calentamiento,  que tiene como objetivo fijar las posiciones de arranque al Gran Premio de México 2018 generó poca expectación, comparada con la despertada en ediciones anteriores.

Cada uno en el lugar elegido por sus estrategas, pues aquí no importa el sitio donde inicie y termine, sino los puntos que reúna cada competidor para estar en mejor posición para la carrera grande. Eso sí, haber cumplido las 60 vueltas al circuito nacional.

Todavía se escuchaban las 12 campanadas de la catedral de San Cristóbal, cuando Pepe Tony El Irlandés ya se encontraba enfundado en un traje parecido al de la familia peluche con el primer acelerón, tratando de evitar que Lopitos, mejor conocido como El Molido Solitario, lo aventajara, pero en el movimiento patinó y El Molido se le despegó.

Mientras, el corredor azul, conocido como Ricky El Gallo Blanco, comenzó pegándosele a la carrocería de El Irlandés, para evitar que se le fuera poner enfrente y así lo trajo toda la carrera.

En las tribunas sólo unos cuantos aficionados estaban atentos a lo que sucedía en terracerías y asfaltos.

Y en el aire se escuchaba un eh, eh, eh.

En las primeras paradas en pits el chisme eran los planes del corredor de Piel Canela Motors: que si cuando sea campeón va a cancelar los cambios a la educación de la industria del automovilismo; que si va a poner a un nuevo policía, que si están metiendo guachicol ruso en el tanque del Lopitos, que si Riky es bien traicionero y si gana ahora sí se va a dejar crecer el pelo; que si su nena tiene montones de lana, que si El Irlandés no lo quieren en su escudería… bueno.

Y en el aire, una tonadita: na na na na na, na na na, na na na na na, na na na.

A partir de la vuelta 30, los carros ya acusaban los primeros raspones y el lodo en sus medallones. Ninguno usa corbatín en el retrovisor. A lo mucho hay un corredor que le encanta traer coronas de flores que lo hacen ver al anfitrión de la isla de la fantasía.

El monoplaza de Tony El Irlandés mostraba algunas abolladuras que, dice, fueron hechas por gente de su propia escudería.

Algunos dicen que no desfoga bien porque el combustible que trae lo está rebajando gente de su propio equipo.

Dicen que para entrar al bunker donde está su casa de carrera, aquello parece la construcción de la torre de Babel porque como que todos hablan y nadie entiende. Eso sí, hay tres juntas diario y nadie pasa con celulares.

Pero hay quien dice que está preparando un espectacular regreso a la pista y que nadie se atenga al santo si no le reza.

En la casa de carrera de Riky entran y salen flotillas de carritos azules, amarillos y anaranjados. Entran muy sácale punta, pero cuando salen se ven medio apachurrados.

A veces lo que comentan es que su corredor le ha dado por la cantada que se juntó con Juan sin miedo para cantar la Bamba, y de paso aquel le dio algunos tips para entrar al barrio (que entre en reversa para que todos piensen que va saliendo y nada de poner el estero en inglés o en francés porque allí en el barrio sólo se hablan tres idiomas: la neta, español y puras vaciladas.

Lo malo es que El Gallo como que no se le ve cómodo en el barrio, cuando ha tenido que circular en esos terrenos, mete a fondo el acelerador y hasta como que se le frunce el ceño (¿Ya ha visto sus arruguitas entre el quemacocos y el parabrisas?).

En la casa de El Molido y Piel Canela, todo es emoción. Han mandado a traer una chelas y hasta botana porque el corredor hasta se ha vuelto simpático y dicharachero. Si le dicen que es un autoritario, él les contesta amor y paz. Si le dicen que se va a aliar con los rusos, él responde que le llamen Molidovich, pero eso sí, no le vayan a decir que es oportunista porque entonces sí que se transforma.

Y en el ambiente: na na na na na, na na na.

Cuando los tres carros asomaron en la última curva enfilándose a tomar la recta, El Molido aventajaba a varios cuerpos de distancia, Tony y Riky rechinaban carrocerías. El público estaba expectante para ver quién se quedaría con el segundo lugar y aunque aparentemente Riky parecía despegarse, no lograba que el de la escudería roja le afectara la parte trasera. Ahí lo traía arrimón y arrimón. En todo caso podríamos decir que era un incómodo segundo lugar.

Así parecía que terminaría la carrera, pero justo cuando tenían a la vista la meta, un carrito entre naranja y azul, adornado con chaquiras, lo rebasó por la derecha. No traía número de competencia. Eso sí, traía un ruidazo y esa tonadita, na na na na na, na na na.