El ataque especulativo contra España ha sido la crónica de un golpe anunciado. Con mucha demora, el presidente Zapatero intentó acallar el rumor que se venía difundiendo desde hace semanas. También las autoridades del Fondo Monetario Internacional. Un observador ajeno y objetivo podría preguntarse: ¿Por qué esperaron tanto para reaccionar?

En los diarios de ayer miércoles, abundaron los comentarios sobre si el paquete de rescate para Grecia no había sido insuficiente.

Sorprendentemente, casi nadie se cuestionó sobre la oportunidad de la intervención.

Con toda claridad, Alemania, Francia y los demás países europeos se tardaron demasiado en reaccionar constructivamente. O mas bien dicho, salvadoramente.

Los rescates bancarios y financieros deben ser oportunos. Es decir, rápidos y contundentes. Tanto la lentitud en reaccionar pero sobre todo los titubeos de Merkel, Sarkozy y compañía enviaron a los inversionistas mensajes de debilidad y de incertidumbre. En otras palabras, invitaron a la embestida, primero sobre Grecia y ahora contra España. ¿Quién sigue, Portugal?

Desde el punto de vista institucional, la experiencia con el caso de Grecia y ahora de España, nuevamente, ha confirmado la necesidad de una suerte de banco central para el mundo.

También, que el FMI está muy corto para esa función y que nuevamente se quedó corto en su papel de instrumento de alerta para encender luces amarillas y hasta rojas, para advertir sobre los peligros financieros que amenazan en el horizonte.

Pero en cuanto a lecciones, los casos de Grecia y España reclaman una reflexión más profunda. El origen de ambas problemáticas -también de la de Portugal-, no reside en una supuesta cicatería financiera de Alemania, Francia y otros países de Europa ni tampoco en su lentitud para reaccionar.

¡No somos pavlovianos! El hombre, con toda su superioridad cerebral sobre el resto de las especies existentes, es el único que reiterada y voluntariamente vuelve a tropezarse con la misma piedra.

Y esa piedra no es otra cosa que la tendencia, al parecer incontenible, por parte de los gobernantes del mundo a gastar en exceso. Se entiende la lógica política: hoy que estoy gobernando me adorno mucho gastando en beneficio de las masas.

Que las grandes deudas que se generan por los déficit fiscales a que da lugar el exceso de gasto sean enfrentadas y asumidas por los próximos gobiernos.

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