El brote de la influenza AH1N1 en la periferia de la ciudad de México, a finales del invierno del 2009, enfrentó al gobierno federal a uno de los desafíos más graves del anterior sexenio, pues uno de los fantasmas globales más anticipados por los epidemiólogos -una pandemia que podría afectar a un porcentaje importante de la población- parecía materializarse, sobre todo por la tasa de morbilidad entre los pacientes de entre 29 y 50 años, infectados por un virus hasta entonces desconocido.

La sorpresa inicial derivó en desconcierto. Los primeros reportes sobre decesos -se sabría después de una revisión profunda de las bases de datos- contenían casos mal identificados. Y las presiones del gobierno estadounidense obligarían a tomar medidas extremas.

El 27 de abril, convocado por segunda ocasión de manera extraordinaria, el pleno del Consejo de Salubridad General declararía a la influenza AH1N1 enfermedad grave de atención prioritaria , por una petición urgente del economista y abogado Miguel Ángel Toscano, entonces titular de la Cofepris. Los especialistas que participaban en esa instancia, sin embargo, creían que haber seguido al pie de la letra el protocolo internacional habría bastado para afrontar la situación. Con la imagen internacional de México en riesgo -una docena de países había suspendido temporalmente los vuelos a la ciudad de México- no había espacio para dudas. Y desde entonces -y hasta nuevo aviso- quedarían proscritas las corbatas en Los Pinos, sin evidencia de que fueran agentes catalizadores de la transmisión del virus. Dos semanas después, Alberto Ruiz-Gallardón -quien entonces presidía la Unión de Capitales Iberoamericanas- tendría una audiencia con el Presidente Felipe Calderón, pero cuando le informaron que debería abstenerse de usar esa toquilla, amagó con cancelar la cita. Una crisis sanitaria de esta naturaleza puede sufrirla cualquier país del mundo , dijo finalmente el alcalde madrileño, con una corbata azul, lo importante es sabe tener capacidad de reacción . En las semanas siguientes, el gobierno calderonista generó un reporte diario de casos confirmados y precisó –con técnicas avanzadas de geolocalización– las rutas de contagio. En segunda instancia, la prioridad fue informar con claridad y precisión, para generar confianza entre la población. Y la ciudad de México fue sujeta a un cerco sanitario, implementado por Marcelo Ebrard. Por supuesto que no hubo una sobrerreacción , revisa un ex funcionario del sector salud en el sexenio calderonista, los académicos, en su momento, y después la OMC, reconocieron que operamos bien, de acuerdo con las circunstancias. Desde entonces se sabía que iba a ser recurrente la enfermedad.

Después de cuatro años, otra oleada de casos de influenza AH1N1 pone nuevamente a las autoridades contra la pared. A pesar de la confusión generalizada -pues se habla indistintamente de influenza estacional y de AH1N1- las autoridades sanitarias no han decretado una alerta sanitaria. El reporte de casos confirmados y defunciones lleva un retraso. No obstante, las autoridades federales han urgido a la población a extremar precauciones. Y las autoridades locales han atendido escrupulosamente ese llamado, sobre todo en las entidades con mayor prevalencia: Jalisco, San Luis Potosí, el DF, Nuevo León, Aguascalientes, Hidalgo y Baja California.

En Sonora, durante el primer mes del 2014, 96 casos confirmados recibieron atención médica en hospitales del sector salud -70 fueron enfermos por AH1N1- y hubo cuatro decesos. En Aguascalientes incluso contabilizaron a los casos sospechosos (500) y los diferenciaron de los casos confirmados (135); de los 12 fallecidos registrados, nueve son pobladores de la entidad y el resto llegaron en graves condiciones de Zacatecas.

La inmunización de amplios sectores de la población es la prioridad. Y la urgencia disculpa desplantes mediáticos como los del jefe de gobierno, Miguel Ángel Mancera.

La intención de evitar un daño a la economía, como en el 2009, puede resultar un peor remedio que la enfermedad y dejar acéfala a la Secretaría de Salud. Así como el problema de la influenza AH1N1 permitió a José Ángel Córdova Villalobos convertirse en el Secretario mejor evaluado del gabinete calderonista -así se mantuvo hasta que dejó el cargo- esta crisis sanitaria puede tumbar a la secretaria Mercedes Juan.

EFECTOS SECUNDARIOS

FULLERÍAS. Viene una etapa decisiva para Marcela González-Salas, la directora general de Juegos y Sorteos de la Segob, una de las aspirantes a formar parte del nuevo consejo general del Instituto Nacional de Elecciones. Antes, la funcionaria peñista deberá rendir cuentas sobre su gestión, comprometida a una limpieza profunda por las sospechas de corrupción en los tiempos del PAN, que habría beneficiado a los hermanos Arturo y Juan José Rojas Cardona, a quien se consideraría el Zar de los Casinos, en el sexenio pasado. En esta administración han dispensado a su rival Oscar Arturo Paredes Arroyo, dueño de El Palacio de los Números, quien presume de sus influencias en la oficina de González -Salas, de quién dice le prometió que desde este mes de enero sus casinos tendrían juego en vivo en sus establecimiento. Lo anterior no está contemplado ni estipulado en la ley.