El neoliberalismo ha creado en el mundo una mayor concentración del ingreso y, por tanto, más desigualdad. También ha minado al estado de bienestar.

La crisis del 2008 estalló como una crisis financiera y derivó en una crisis económica mundial. Condujo al endeudamiento y a la crisis de la deuda soberana. La medicina fue una política de austeridad que llevó a una crisis social.

La precariedad se ha instalado como horizonte de futuro y ha creado la obsolescencia de las formas actuales de participación política.

Apenas está surgiendo en Europa, con el presidente Macron de Francia y el Banco Central Europeo, la pertinencia de superar la política de austeridad. Ésta tiene que cambiar porque, de lo contrario, se agudizará el surgimiento de líderes políticos antisistema que descansan en posiciones regresivas, una de ellas el nacionalismo, otra la renuncia al multilateralismo. Ejemplos: Trump, Putin, Xi y Erdogan, entre otros.

La decepción de la población conduce a pensar que los líderes no se ocupan de las sociedades, sino de sus intereses patrimoniales. Y que las estructuras de gobierno cada vez se debilitan más. Salvo las posiciones de gente como Warren Buffett, George Soros y de Bill Gates, que sostienen la necesidad de articular una evolución más amable para las sociedades por parte del capitalismo financiero, los demás están encantados con sus privilegios.

En México, el neoliberalismo hizo grandes estragos. Francisco Suárez Dávila en su reciente libro México 2018, en busca del tiempo perdido dice lo siguiente: Hay quienes defienden el vaso medio lleno, la visión color de rosa, otros que plantean el vaso medio vacío ¡Son pesimistas irredentos, que no entienden lo que sucede! Somos una sociedad, en parte, bastante conformista. ¿Para qué cambiar? No hay otra opción, vamos bien. Hay que continuar con el más de lo mismo. Hay avances. En suma, no nos damos cuenta de que nuestra versión del neoliberalismo, el “estancamiento estabilizador”, ya fracasó. Está rebasada por los tiempos, las ideas y los eventos internacionales. “Más de lo mismo” representa riesgos económicos y sociales.

¿Qué pasa si las elites del poder no reaccionan con las reformas que se necesitan?

Surgirán por doquier los movimientos sociales organizados en sociedad civil, que obligarán a las elites políticas a cambiar, a revisar las estructuras de funcionamiento de los partidos políticos y las formas de participación. Cambios que tocarán al actual sistema financiero, hacia reformas para quitarle el pellejo neoliberal.

En Europa, están surgiendo fuerzas políticas que aspiran a llegar a las instituciones sin renunciar a sus representaciones de base. Son movimientos sociales que manejan una dualidad, por un lado un pie en el sistema político y otro en la sociedad civil.

También tendrán que resolver sobre las tendencias negativas que se han cultivado en las sociedades, al privilegiar la defensa de identidades culturales y el desprecio a los “otros” los de las migraciones que también son seres humanos. Esa deplorable “normalización de la desvergüenza institucionalizada”, como la califica Joan Manuel Serrat.

Sergio Mota Marín

Economista

Economía y Sociedad

Escritor y licenciado en economía, egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México. De 1984 a 1990 fue embajador de México ante el Reino de Dinamarca, donde se le condecoró con la orden Dannebrog.