Para la canciller de Alemania, Angela Merkel, sin duda alguna una líder mundial de enorme legitimidad dentro y afuera de su país, la crisis pandémica actual está rompiendo una cuestión fundamental de la vida: la comunicación humana. También en su opinión es la peor crisis vivida después de la segunda guerra mundial.

Y en el reciente debate entre el presidente Trump, candidato republicano a la reelección, y Joe Biden, exvicepresidente, ahora candidato demócrata a la presidencia de su país, un tema central fue el efecto dañino que a Estados Unidos le ha causado la pandemia, reclamando a Trump por su posición de indiferencia a la gravedad que ha tenido la pandemia en su país, que ha conducido a muertes y a una severa crisis económica.

En un mundo interdependiente, la pandemia ha creado en todos los países una desesperación y sufrimiento humano. No es para menos cuando a nivel global estamos hablando de 41 millones de personas infectadas. La claustrofobia y el aislamiento crean sentimientos depresivos y la única esperanza es que aparezca la vacuna y se abran racionalmente las actividades económicas y sociales, que se han afectado en todo el mundo.

Por eso, lo más importante del confinamiento es seguir con las indicaciones sanitarias para evitar el contagio. Lo más deplorable es la falta de responsabilidad social de aquellos que hacen caso omiso, lo que es fuente de peligros. Es evidente que en los países en donde se relajaron las medidas de precaución aparecieron rebrotes más intensos, sobre todo en Europa.

En el contexto politico global afecta en todos los sentidos las posiciones contra el multilateralismo del actual gobierno estadounidense que ha privilegiado las relaciones bilaterales y más aún las unilaterales, lo que es grave porque Estados Unidos no es una isla y representa el 25% del Producto Interno Bruto mundial. La pandemia del Covid-19 es global así como la crisis económica que agudizó.

Resulta lamentable que el gobierno de Trump, ante los peligros de la pandemia y siguiendo su guion nacional populista, haya inventado el “nacionalismo de la vacuna” evitando participar en el COVAX, la iniciativa de la Organizacion Mundial de la Salud, que tiene como propósito realizar una distribución equitativa de la vacuna cuando exista.

Pero así como la pandemia y la crisis económica global son graves y se retroalimentan, el gobierno estadounidense ha abdicado a su responsabilidad global. Ocurre afectando la cooperación que pasa por momentos difíciles. Prueba de ello es la falta de apoyo a la Organizacion Mundial de la Salud, por la retirada de la financiación estadounidense y el bloqueo del gobierno de Trump a la Organizacion Mundial de Comercio, lo que limita el funcionamiento de la solución de diferencias.

Después del 3 de noviembre, sabremos si el gobierno estadounidense sigue sus tendencias desestabilizadoras o retoma compromisos abandonados. En la relación con México, el hecho de que relativamente el retroceso de la economía estadounidense sea menor del que se tuvo al inicio de la pandemia ha significado que nuestro país pueda mejorar sus exportaciones y se inicie la reactivación de la producción manufacturera y el turismo.

smota@eleconomista.com.mx

Sergio Mota Marín

Economista

Economía y Sociedad

Escritor y licenciado en economía, egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México. De 1984 a 1990 fue embajador de México ante el Reino de Dinamarca, donde se le condecoró con la orden Dannebrog.